18 agosto 2026 - 06:56
Cada 18 de agosto se pone el foco en una amenaza que destruye bosques, pastizales y fauna, deteriora los suelos y puede dejar daños ambientales durante décadas.
El Día Mundial de la Prevención de Incendios Forestales se conmemora cada 18 de agosto con un objetivo concreto: generar conciencia sobre la necesidad de reducir los riesgos, extremar los cuidados y evitar conductas capaces de desencadenar focos que después resultan difíciles de controlar.
Aunque no existe precisión sobre el origen institucional de la fecha, la jornada se instaló como una oportunidad para recordar las consecuencias que el fuego puede provocar sobre los ecosistemas y la importancia de actuar antes de que comiencen las llamas.
Desde la Fundación PROSA advirtieron sobre el impacto que tienen los incendios de bosques y pastizales, especialmente cuando coinciden con períodos prolongados de sequía. Entre las áreas particularmente vulnerables se encuentra el Delta del Paraná, donde la combinación entre vegetación seca y condiciones ambientales adversas puede facilitar la propagación del fuego.
Una de las consecuencias menos visibles aparece debajo de la vegetación quemada. El suelo necesita años para acumular la materia orgánica proveniente de restos vegetales, hojarasca y pastizales. Ese proceso resulta fundamental para conservar nutrientes y sostener buena parte de la actividad biológica.
Los incendios intensos interrumpen ese ciclo y pueden destruir parte de esa materia orgánica. La gravedad depende, entre otros factores, de la temperatura alcanzada, el tiempo durante el cual permanece activo el fuego y las características de la vegetación afectada.
En bosques de especies de madera dura, como quebrachos, algarrobos, caldenes y espinillos, la temperatura sobre la superficie puede superar los 500 grados. Según la Fundación PROSA, semejante exposición puede calcinar materia orgánica, deteriorar la estructura del suelo e incluso alterar su composición mineralógica.
Las consecuencias se extienden mucho más allá de la tierra. Los animales pueden morir o verse obligados a abandonar su hábitat, mientras que la destrucción de la vegetación afecta la retención de agua, la captura de carbono, el reciclaje de nutrientes y el control de la erosión. Las llamas también pueden alcanzar el banco de semillas del suelo, necesario para la recuperación natural de bosques y pastizales.
La entidad señala además que más del 95% de los focos tienen origen en acciones humanas. Entre ellas aparecen las quemas de pastizales utilizadas para favorecer posteriormente el rebrote de las pasturas, una práctica especialmente riesgosa durante períodos de sequía extrema.
Frente a ese escenario, la prevención adquiere un papel central. Evitar quemas, mantener libres de vegetación las picadas cortafuegos y reforzar las precauciones durante jornadas secas y de altas temperaturas son algunas de las medidas planteadas.
La Fundación PROSA también considera necesario profundizar la capacitación de productores y de la población, aumentar la cantidad de brigadistas especializados y mejorar los sistemas de detección, alerta y combate del fuego.
La recuperación de un territorio incendiado puede demandar muchos años y, cuando se destruyen bosques desarrollados durante décadas o siglos, el daño resulta todavía más difícil de revertir. Por eso, el 18 de agosto busca instalar una premisa sencilla: frente a los incendios forestales, la herramienta más efectiva comienza mucho antes de que aparezca el fuego.
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