25 octubre 2026 - 07:17
Hace 167 años, dos flotas se enfrentaron frente a la ciudad mientras un ejército intentaba abandonarla. Una tormenta alteró el desenlace de aquella jornada.
El 25 de octubre de 1859, las aguas del río Paraná, frente a San Nicolás, fueron escenario de un enfrentamiento entre las escuadras militares de la Confederación Argentina y del Estado de Buenos Aires. La batalla se produjo durante la retirada del ejército comandado por Bartolomé Mitre, que había sido derrotado dos días antes por las fuerzas de Justo José de Urquiza en Cepeda y buscaba regresar a territorio porteño. El combate involucró a quince buques de guerra y once transportes, convirtió al puerto nicoleño en el centro de una operación militar y dejó a la ciudad bajo el control de las fuerzas confederadas.
Este domingo se cumplen 167 años de aquel episodio, uno de los acontecimientos militares más importantes ocurridos directamente en San Nicolás durante el proceso de organización nacional. A diferencia de la batalla de Cepeda, desarrollada el 23 de octubre en campos del actual partido de Pergamino, el enfrentamiento naval tuvo lugar frente a las barrancas nicoleñas y contó con la participación de trabajadores locales que colaboraron con las tareas de embarque y evacuación de las tropas.
La situación que desembocó en el combate había comenzado a definirse durante la tarde del 23 de octubre, cuando el ejército de Urquiza consiguió imponerse sobre las fuerzas porteñas. La derrota obligó a Mitre a emprender una retirada hacia San Nicolás, donde permanecía estacionada una escuadra preparada para brindar apoyo militar y transportar soldados. La ciudad constituía uno de los principales puntos de operaciones del Estado de Buenos Aires en el norte provincial y contaba con instalaciones portuarias, defensas y recursos que resultaban fundamentales para sostener aquella campaña.
Después de una marcha nocturna, los efectivos porteños llegaron a San Nicolás durante el 24 de octubre. La prioridad de sus jefes era organizar la evacuación antes de que las tropas confederadas avanzaran sobre la ciudad e impidieran la salida por el río. La operación comenzó durante las primeras horas del día siguiente y exigió trasladar soldados, armamento y pertrechos hasta las embarcaciones que aguardaban en el puerto, mientras las fuerzas de Urquiza mantenían la presión militar sobre la región.
La escuadra de Buenos Aires estaba comandada por Antonio Susini y disponía de seis buques de guerra, acompañados por once transportes. Entre sus principales embarcaciones se encontraba el vapor Guardia Nacional, que funcionaba como nave insignia y en el que posteriormente embarcaría Mitre. La Confederación, por su parte, había concentrado nueve buques artillados bajo las órdenes de Luis Cabassa, con la intención de interceptar la retirada porteña y aprovechar la ventaja obtenida en Cepeda.
La preparación del embarque también involucró a habitantes de San Nicolás. Según la reconstrucción histórica de Rodolfo Fernández Viña, el capitán del puerto, Domingo Ballestero, coordinó parte de las tareas con la colaboración de efectivos movilizados, isleños, carpinteros de ribera, lancheros y prácticos que conocían las características del Paraná. Su participación resultó importante para completar una operación que debía desarrollarse con rapidez y bajo la amenaza de un ataque enemigo.
Durante la tarde del 25 de octubre, las embarcaciones porteñas comenzaron a abandonar sus posiciones. Los transportes, que llevaban a los soldados retirados del frente de batalla, navegaron protegidos por los buques de guerra, mientras la escuadra confederada aguardaba río arriba para intervenir. Cuando las fuerzas de Buenos Aires iniciaron el desplazamiento, los barcos de ambos bandos comenzaron a intercambiar disparos de artillería y el enfrentamiento se extendió sobre las aguas próximas a la ciudad.
El combate se prolongó durante aproximadamente una hora y media, con disparos realizados desde las embarcaciones que participaban de la operación. Los buques de la Confederación intentaban impedir que la retirada se completara, mientras que la escuadra porteña buscaba mantener despejada la salida hacia Buenos Aires. La presencia de numerosos cañones convirtió al Paraná en un escenario de guerra, en un momento en que el país todavía atravesaba profundas disputas por su organización política.
Cuando el enfrentamiento continuaba, una fuerte tormenta alteró las condiciones de navegación y dificultó las operaciones militares. La reducción de la visibilidad y las condiciones meteorológicas interrumpieron las maniobras previstas por ambas fuerzas, circunstancia que permitió a los barcos porteños completar su retirada. La escuadra de Mitre consiguió abandonar San Nicolás y continuar hacia el sur, aunque la operación significó el abandono de una posición militar que hasta entonces había resultado estratégica para Buenos Aires.
La salida de los efectivos porteños tuvo consecuencias inmediatas sobre la situación política de la ciudad. Poco después ingresaron tropas de la Confederación, entre ellas una división ligera comandada por el coronel Fermín Rodríguez. Las autoridades municipales debieron reunirse para evaluar el nuevo escenario y garantizar el mantenimiento del orden público, ante la presencia de fuerzas que respondían a un gobierno diferente del que había controlado San Nicolás durante la campaña militar.
La reconstrucción de Fernández Viña señala que los integrantes de la Municipalidad resolvieron reconocer la nueva situación y comunicaron esa decisión al jefe militar que había ingresado a la ciudad. Posteriormente, la Confederación dispuso la designación del coronel José Luis Barrera como autoridad política y militar. De esta manera, el enfrentamiento naval no solamente permitió la retirada del ejército derrotado, sino que también produjo una modificación inmediata en el control de San Nicolás.
Los acontecimientos de octubre de 1859 formaban parte de un conflicto que enfrentaba al Estado de Buenos Aires con las provincias que integraban la Confederación Argentina. Desde la separación porteña, ocurrida después de la caída de Juan Manuel de Rosas en 1852, ambas estructuras políticas habían mantenido profundas diferencias sobre la organización institucional, los recursos económicos y el funcionamiento del país. La Constitución Nacional de 1853 había sido sancionada sin la participación de Buenos Aires, y la disputa por su reincorporación continuaba sin resolverse.
La victoria de Urquiza en Cepeda y los acontecimientos posteriores, entre ellos el combate naval de San Nicolás, modificaron el equilibrio político y militar. El avance confederado abrió el camino a nuevas negociaciones que culminaron el 11 de noviembre de 1859 con la firma del Pacto de San José de Flores, mediante el cual se establecieron las condiciones para la reincorporación de Buenos Aires a la Confederación. Sin embargo, las diferencias no desaparecieron de inmediato y volverían a expresarse militarmente durante los años siguientes.
Para San Nicolás, aquella jornada dejó una marca particular dentro de su historia. La ciudad, que siete años antes había sido sede del Acuerdo de San Nicolás de 1852, volvió a ocupar un lugar relevante en el proceso de organización nacional, aunque esta vez no como escenario de una reunión política, sino como punto de operaciones militares y enfrentamiento armado. Su puerto, sus barrancas y la ubicación estratégica sobre el Paraná fueron determinantes para que los acontecimientos se desarrollaran frente a su población.
El episodio también permite recuperar una dimensión menos difundida del pasado nicoleño: la participación de sus habitantes en las operaciones vinculadas con los conflictos nacionales. Los trabajadores del puerto, los hombres dedicados a la navegación y quienes colaboraron con el movimiento de tropas formaron parte de una jornada que alteró el funcionamiento cotidiano de la ciudad y puso de manifiesto la importancia que tenía el control de las comunicaciones fluviales.
A 167 años del combate naval del 25 de octubre de 1859, San Nicolás conserva el antecedente de haber sido escenario de una confrontación entre fuerzas argentinas en plena disputa por la organización del país. La batalla de Cepeda había definido el resultado militar de la campaña terrestre, pero el enfrentamiento desarrollado dos días después sobre el Paraná completó la retirada porteña y dejó a la ciudad bajo una nueva autoridad.
Aquella tarde, el río que habitualmente servía para el transporte, el comercio y las comunicaciones se convirtió en un campo de batalla. Los cañonazos, la evacuación de las tropas y la tormenta que interrumpió las operaciones forman parte de un capítulo histórico que recuerda hasta qué punto San Nicolás estuvo involucrada en los acontecimientos que dieron forma a la Argentina durante el siglo XIX.
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