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El ataque que dejó una herida en la historia nicoleña

9 octubre 2026 - 05:59

Hace 214 años, fuerzas realistas llegaron por el Paraná y desataron una jornada de violencia que alcanzó viviendas, comercios y la iglesia del pueblo.

El sitio en dónde hoy está la Catedral, antes estaba la Iglesia San Nicolás de Bari

El 9 de octubre de 1812, San Nicolás fue escenario de uno de los episodios más violentos de su historia durante las guerras por la independencia. Una escuadra realista procedente de Montevideo desembarcó en el puerto local y llevó adelante un ataque que terminó con el saqueo de buena parte de la población y el asesinato del presbítero Miguel Escudero.

Este viernes se cumplen 214 años de aquella jornada, que dejó una profunda marca en un pueblo que todavía no había alcanzado su reconocimiento formal como ciudad.

El episodio se produjo cuando las fuerzas españolas mantenían el control de importantes sectores de la navegación fluvial y utilizaban sus embarcaciones para hostigar a las poblaciones que respaldaban el movimiento revolucionario iniciado en mayo de 1810.

Durante la madrugada de aquel viernes, cinco buques realistas se aproximaron a San Nicolás. Alrededor de las 07:00, unos 150 hombres desembarcaron con apoyo de artillería y avanzaron sobre el poblado.

La defensa local estaba a cargo del comandante de milicias Juan Correa, quien disponía de un número reducido de hombres.

Ante la superioridad de los atacantes, Correa procuró poner a salvo a las familias y retiró sus efectivos para evitar que un enfrentamiento abierto provocara consecuencias todavía mayores entre los habitantes.

Sin una resistencia militar capaz de detenerlos, los realistas ingresaron al pueblo.

El saqueo alcanzó hasta la iglesia

Durante varias horas, los soldados recorrieron distintos sectores de San Nicolás y se apropiaron de bienes pertenecientes a los vecinos.

Las viviendas particulares, los comercios y las pulperías estuvieron entre los lugares afectados.

El ataque también alcanzó a la iglesia de San Nicolás de Bari, ubicada en el sector donde actualmente se encuentra la Catedral, frente a la plaza principal.

Según la reconstrucción realizada por el historiador Ricardo Eseverri, los invasores utilizaron un cañón para derribar una de las puertas del templo y conseguir ingresar.

En el interior se encontraban objetos religiosos, elementos utilizados durante las celebraciones litúrgicas y otras pertenencias de la comunidad.

Los atacantes se llevaron cálices, un copón, un incensario y distintos bienes destinados al culto.

Pero el episodio más grave ocurrió cuando un sacerdote intentó impedir el avance de los soldados.

El sacerdote que murió durante el ataque

Miguel Escudero llevaba más de medio siglo vinculado con la vida religiosa de San Nicolás.

Había llegado al poblado en 1760 para desempeñarse como teniente cura y posteriormente ejerció como responsable de la parroquia entre 1774 y 1781.

Su trayectoria también estuvo relacionada con el desarrollo material de la iglesia, a cuya construcción había contribuido con recursos propios.

Cuando las fuerzas realistas irrumpieron en el templo, Escudero intentó impedir el saqueo.

De acuerdo con los antecedentes históricos, fue golpeado con la culata de un arma y posteriormente recibió una herida de bayoneta que le provocó la muerte.

El asesinato quedó documentado en los registros parroquiales de aquel año.

El libro de defunciones de 1812 consigna que el sacerdote murió el 9 de octubre, como consecuencia de una estocada recibida durante el asalto de las fuerzas enemigas.

También establece que sus restos fueron sepultados en el presbiterio de la iglesia.

Ese documento constituye una de las principales pruebas históricas que permiten reconstruir lo sucedido.

La violencia continuó al día siguiente

El ataque no terminó con la retirada de los primeros invasores.

Durante la madrugada del 10 de octubre de 1812, las embarcaciones que habían participado del saqueo iniciaron su regreso hacia Montevideo.

Sin embargo, en el trayecto se encontraron con otra flotilla española que navegaba en dirección al norte.

Al conocer lo sucedido, los integrantes de esa segunda fuerza decidieron avanzar también sobre San Nicolás.

La población volvió a sufrir un bombardeo y un nuevo desembarco.

Los soldados ingresaron nuevamente al pueblo y se apropiaron de los bienes que todavía permanecían en las propiedades particulares.

El domingo 11 de octubre, las embarcaciones abandonaron definitivamente el lugar y continuaron su navegación hacia otras poblaciones del litoral.

Los hechos provocaron una fuerte conmoción y llegaron rápidamente a Buenos Aires.

El periódico La Gaceta publicó el 16 de octubre un informe del comandante Juan Correa sobre lo sucedido.

También circularon testimonios de religiosos que habían presenciado las consecuencias del ataque.

Entre ellos se encontraba el presbítero Mariano Gadea, quien dejó una descripción del clima de angustia que atravesó la comunidad después de la incursión.

Un pueblo en medio de la guerra por la independencia

Los acontecimientos de octubre de 1812 formaron parte de una situación que afectaba a numerosas localidades ubicadas sobre las costas del Paraná.

Las fuerzas realistas mantenían su base naval en Montevideo y realizaban incursiones destinadas a obtener abastecimientos y debilitar a los territorios que respondían al gobierno revolucionario de Buenos Aires.

La posición geográfica de San Nicolás, vinculada directamente con la navegación y el intercambio comercial, la convertía en un punto expuesto a esas operaciones.

La situación se repetiría pocos días después en San Pedro, que también sufrió un ataque y saqueo por parte de fuerzas españolas.

Estos antecedentes permiten comprender la importancia que adquirió posteriormente la defensa del litoral.

El 3 de febrero de 1813, menos de cuatro meses después de los acontecimientos de San Nicolás, el Regimiento de Granaderos a Caballo, comandado por José de San Martín, enfrentó a las fuerzas realistas en el histórico Combate de San Lorenzo.

Aquel enfrentamiento se produjo en el marco de las operaciones destinadas a frenar las incursiones enemigas sobre las poblaciones ribereñas.

Una fecha que permanece en los documentos

El ataque del 9 de octubre de 1812 forma parte de los antecedentes que explican los sacrificios atravesados por San Nicolás durante los años de la independencia.

Cuando el Congreso reconoció formalmente al pueblo como ciudad, el 23 de noviembre de 1819, destacó los esfuerzos realizados por sus habitantes durante aquel período de conflictos.

Entre esos antecedentes se encontraba la violencia sufrida durante los ataques realistas de octubre de 1812.

La muerte del presbítero Miguel Escudero, el saqueo de la iglesia y la destrucción de propiedades quedaron registrados en documentos históricos que sobrevivieron al paso de los siglos.

A 214 años, la efeméride permite recuperar un capítulo poco difundido de la historia nicoleña y recordar que, mucho antes de convertirse en una ciudad industrial y portuaria, San Nicolás ya ocupaba un lugar estratégico en los acontecimientos que acompañaron el nacimiento de la Argentina.


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