3 octubre 2026 - 07:38
El consumo llegó a 47 kilos por habitante al año y, por primera vez, quedó por encima de la carne vacuna.
Una transformación que venía gestándose desde hace años terminó por modificar uno de los hábitos alimentarios más arraigados de la Argentina. Por primera vez, el consumo de carne de pollo superó al de carne vacuna, en un escenario atravesado por las diferencias de precios y por cambios en la forma de comprar y preparar los alimentos.
Los datos de la industria correspondientes al período comprendido entre agosto del año pasado y junio de este año ubican el consumo de pollo en 47 kilos por habitante al año, apenas por encima de los 46,7 kilos de carne vacuna.
La tendencia no se limita al sector avícola. La carne porcina también ganó espacio y alcanzó los 20,1 kilos anuales por habitante, configurando un mercado en el que las alternativas a la tradicional carne vacuna tienen cada vez mayor presencia.
Detrás del cambio aparece un factor determinante: el bolsillo. Sebastián Galeana, gerente de Granjas Carnave, empresa avícola radicada en Esperanza, Santa Fe, señaló que la diferencia de valores condiciona cada vez más las decisiones de compra.
“Hay una cuestión de precio que tiene un peso importantísimo. Para reflejar el dato, un kilo de carne vacuna equivale a tres kilos y medio de pollo”, explicó.
El ejecutivo señaló que algo similar ocurre con el cerdo. Cortes como pechito, lomo o pulpa pueden encontrarse a valores cercanos a la mitad de los correspondientes a un kilo de carne vacuna. “El precio juega un montón en esta tendencia”, resumió.
El crecimiento del consumo estuvo acompañado por una transformación dentro de la propia industria avícola. El tradicional pollo entero comenzó a perder protagonismo frente a consumidores que buscan piezas específicas y preparaciones más prácticas para las comidas cotidianas.
También aumentó el peso de los animales destinados al mercado. De ejemplares de alrededor de dos kilos se pasó a una producción en la que resulta habitual encontrar pollos de entre 2,5 y 3 kilos.
Los frigoríficos acompañaron ese cambio incorporando sistemas automatizados de trozado para atender una demanda cada vez más orientada hacia cortes determinados.
Entre ellos sobresalen dos. “Los dos cortes estrella que se venden son la patamuslo o cuarto trasero y el filete de pechuga”, indicó Galeana.
De la pechuga surge, además, una preparación profundamente incorporada a la mesa argentina: la milanesa. Para el representante de Granjas Carnave, la milanesa de pechuga se convirtió en un producto de consumo cotidiano.
El nuevo escenario muestra así un cambio que excede una diferencia de apenas 300 gramos por habitante entre pollo y carne vacuna. Los precios, la búsqueda de opciones más accesibles y una oferta avícola que se adaptó a nuevas formas de consumo terminaron modificando una costumbre histórica: la carne vacuna dejó, al menos en este período, de ocupar el primer lugar entre las carnes más consumidas por los argentinos.
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