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Semilla de kiwicha

19 enero 2018 - 23:34

Características y fundamentos de la permacultura o cultivo natural.

La permacultura. El cultivo natural.

Si nos preguntamos: ¿Qué es la permacultura? Podríamos llamarlo como el método de cultivo natural, que se basa en la Naturaleza, libre de mediación y de la intervención humanas.

Según Masanobu Fukoka en su libro La senda Natural del cultivo-Teoría y práctica de una filosofía verde, refiriéndose al regreso al cultivo natural, basándose en cinco principios fundamentales: no labranza, no fertilizantes, no pesticidas, no escardar y no podar. Aunque aparece la limitación , la idea del no, está basada en evitar las acciones obligatorias de el tipo de cultivo artificial con labranza, y pesticidas para la restauración de la Naturaleza.

La no labranza. Se supone que el arar esponja el suelo y facilita la penetración de aire, pero de hecho, ¿no se provoca así el efecto opuesto al compactar el suelo y disminuír su porosidad para el aire?Cuando el labrador ara sus campos y remueve el terreno con un azadón, parece que crea espacios de aire en el seno del terreno y que ablanda el barro. Pero el efecto es el mismo que si lo amasara: removiendo el terreno, el labrador lo fragmenta en pedazos cada vez menores, los cuales adoptan una distribución física más regular cada vez, con espacios intersticiales más pequeños. El resultado final es un terreno más compacto y más duro.

Decir que labrar el terreno es inútil no es lo mismo que asegurar que no sea necesario ablandar el terreno y aumentar su porosidad. Si el hombre deja en paz al suelo, las fuerzas de la Naturaleza se encargarán de enriquecerlo y ablandarlo.

Los labradores, usualmente aran el suelo, a una profundidad de unas cuatro a ocho pulgadas (10 a 20 cm), en tanto que las raíces del césped y de los elementos del abono vegetal, penetran el suelo hasta doce quince o más pulgadas (15, 25 o más cm). Según van alcanzando profundidad estas raíces en el terreno, el aire y el agua penetran en la tierra junto con ellas. Al marchitarse y morir estas raíces, proliferan muchos tipos de microorganismos. Tales gérmenes mueren y son reemplazados por otros, aumentando así la cantidad de humus y ablandando el terreno. Eventualmente aparecen lombrices de tierra si hay humus, y, al ir aumentando el número de estas lombrices, sus depredadores, los topos, comienzan a socavar el terreno, construyendo sus madrigueras.

La tierra trabaja por sí misma: El terreno vive por su propia cuenta y se “autolabra”, él solo.

No es necesario arar ni “mejorar” un suelo porque la Naturaleza ha estado trabajando en él durante milenios.

 No fertilización. Los fertilizantes, ¿son necesarios en realidad? Se le llama al suelo “material mineral”, pero hay alrededor de cien millones de bacterias, levaduras, mohos, diatomeas y otros microorganismos vivos en solo un gramo de tierra de la capa superior del suelo. Lejos de ser algo muerto e inanimado, el suelo es un volcán de vida. Esos microorganismos no existen sin razón. Cada uno vive para un propósito, esforzándose, cooperando, promoviendo y continuando los ciclos de la Naturaleza.

Dentro de ese suelo, el hombre derrama poderosos fertilizantes químicos. Llevaría años de investigación el llegar a saber como los componentes de los fertilizantes, se combinan y reaccionan con el aire, con el agua y con las innumerables substancias que forman l materia mineral, no viviente, y qué cambios sufren y qué relaciones deberían mantenerse entre estos componentes y los diversos microorganismos, con el fin de conseguir un equilibrio armonioso.

Los efectos e interacciones de los diversos componentes de los fertilizantes en la tierra de los huertos, constituyen un complejo indecible.

El principio de no escardar. Todas las plantas surgieron por algún motivo y todas las plantas viven y medran hoy por alguna razón. Ninguna es inútil, cada una aporta su propia contribución al desarrollo y enriquecimiento de la biosfera.

La profunda penetración de las raíces de las hierbas en la tierra esponja al suelo. Cuando mueren las raíces se incorporan al humus, permitiendo proliferar a los microbios del suelo y enriqueciendo a éste último. El agua de lluvia se infiltra en el terreno y el aire la acompaña en profundidad, y facilita el desarrollo de lombrices de tierra, las cuales, eventualmente atraen a los topos. Las hierbas y la grama o gramilla son absolutamente esenciales para que el suelo permanezca organizado y vivo.

Si no hubiera hierbas que crecieran en superficie, las lluvias arrastrarían cada año parte de la tierra superficial. Incluso en áreas suavemente inclinadas, se producirían pérdidas de tierra que oscilarían desde varios quintales hasta quizás más de cien toneladas de terreno por año. En unos veinte a treinta años, la superficie del suelo quedaría totalmente eliminada, reduciéndose la fertilidad, prácticamente a cero.

Ciertas hierbas crecen individualmente, otras lo hacen en grupo y algunas otras forman colonias. Algunas crecen precariamente, otras con más densidad y otras en masa. Cada una tiene diferente ecología: las hay que crecen por encima de sus vecinas y las subyugan, algunas se enroscan alrededor de otras, en simbiosis, algunas debilitan a otras plantas y algunas mueren-mientras otras- medran como maleza.

Estudiando las propiedades de las malas hierbas, y haciendo uso de esas propiedades, una mala hierba puede ser utilizada para eliminar un gran número de otras malas hierbas.

No pesticidas. En el momento en que aparece el problema de enfermedades del cultivo o de daños por insectos, la conversación deriva directamente al método de control de plagas.

Los nuevos pesticidas, los cuales han dado a un importante problema de polución.El problema existe porque, simplemente, no hay nuevos pesticidas que sean no- polucionantes.

Los antibióticos  Basticiadina S y Kasugamicina han salido al mercado como nuevos pesticidas qu cumplen las condiciones (sean degradables por la luz solar y de microorganismos, y que sean totalmente no-polucionantes y no dejen residuos) y han sido utilizados ampliamante, como medida preventiva, contra una enfermedad blástica del arroz. Se supone, en términos generales, que tales pesticidas no dejan residuos.

Las células animales, las células vegetales y los microorganismos son muy similares. Cuando,  hablando de un pesticida, se dice que actúa sobre algunos insectos o gérmenes patógenos, pero que no es perjudicial para plantas y animales, se está haciendo un juego de palabras alrededor de una diferencia muy pequeña en la resistencia que unos a otros oponen a esa substancia.

Una substancia que sea eficaz contra insectos y microorganismos también actúa, en mayor o menos grado, sobre plantas y animales superiores. El efecto pesticida o bactericida ha sido encuadrado como fitoxicidad en plantas y como polución en animales y en el Hombre.

Cuando miremos a la Naturaleza, desde el punto de vista de el Cultivo Natural, no debemos inquietarnos por cirscunstancias menores; no hay necesidad de preocuparnos por la forma, substancia, tamaño, dureza u otros pormenores periféricos. Tales preocupaciones sólo nos conducen a una pérdida de la visión de la esencia real de la Naturaleza y nos apartan del camino de retorno a ella.

Fuente: La senda Natural del cultivo. Teoría y práctica de una filosofía verde. Masanobu Fukoka.

Compartiendo el pensamiento de Masanobu Fukoka y con todos quienes coincidimos en la permacultura como herramienta y filosofía de obtención de alimentos sin degradación de la tierra, debemos estar atentos a la Naturaleza, si quienes promueven los monocultivos, con fertilizantes y pesticidas agresivos para el medio ambiente no pueden observar, es nuestra responsabilidad el hacerlo.

Hace poco tiempo cultivadores de soja estaban buscando pesticidas que erradicaran las plantas de kiwicha que crecen en los campos como mala hierba para ellos, las comunidades originarias se han nutrido y han preservado este cereal que es multivitamínico y muy resistente al clima diverso, y al parecer el único sobreviviente al glifosato. Tal vez la Naturaleza nos esté mostrando una semilla que podría alimentarnos siempre, se puede cultivar entonces y asimismo la estaríamos preservando.

Mariana Delmas

Las semillas de kiwicha contienen un alto valor de aminoácidos, como la lisina. El grano de kiwicha tiene un contenido de calcio, fósforo, hierro, potasio, zinc, vitamina E y complejo de vitamina B. Su fibra, comparada con la del trigo y otros cereales, es muy fina y suave.

 

 

Kiwicha

 

Las semillas contienen un alto valor de aminoácidos, como la lisina. El grano de kiwicha tiene un contenido de calcio, fósforo, hierro, potasio, zinc, vitamina E y complejo de vitamina B. Su fibra, comparada con la del trigo y otros cereales, es muy fina y suave.

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