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Murió Taty Almeida, una de las voces más emblemáticas de los derechos humanos

15 junio 2026 - 10:48

La histórica referente de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora falleció a los 95 años en Buenos Aires. La desaparición de su hijo Alejandro en 1975 transformó su vida y la convirtió en una de las principales defensoras de la memoria, la verdad y la justicia en la Argentina.

La muerte de Taty Almeida, ocurrida este domingo 14 de junio en la Ciudad de Buenos Aires, deja una huella profunda en la historia de los derechos humanos del país. La presidenta de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora falleció a los 95 años en el Hospital Italiano, donde permanecía internada, luego de décadas dedicadas a la búsqueda de justicia por los desaparecidos y al reclamo permanente de memoria y verdad.

La noticia fue confirmada por familiares y allegados poco después de las 19.20. Desde su entorno informaron: “A las 19.20 del 14 de junio falleció en el Hospital Italiano nuestra querida Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora”. También señalaron que, debido a su delicado estado de salud, había sido sedada horas antes. “Ya su cuerpito no aguantaba más”, expresaron personas cercanas a la dirigente.

La despedida de la histórica militante se realizará en la sede del sindicato telefónico FOETRA, en la Ciudad de Buenos Aires. Allí se espera la presencia de referentes políticos, organismos de derechos humanos, militantes y ciudadanos que durante años acompañaron su lucha.

Detrás del nombre con el que fue conocida en todo el país estaba Lidia Estela Mercedes Miy Uranga, nacida el 28 de junio de 1930 en el barrio porteño de Belgrano. Durante gran parte de su vida estuvo alejada de la militancia política. Era docente, madre de tres hijos y provenía de una familia con fuertes vínculos con las Fuerzas Armadas: su padre había sido oficial de Caballería y uno de sus hermanos alcanzó el grado de coronel.

Todo cambió el 17 de junio de 1975. Ese día desapareció su hijo Alejandro Almeida, de 20 años, estudiante de Medicina y trabajador de la agencia Télam y del Instituto Geográfico Militar. Según las investigaciones históricas, fue secuestrado por la organización parapolicial Triple A durante el gobierno de Isabel Martínez de Perón.

La búsqueda desesperada de respuestas marcó el inicio de una transformación personal que con el tiempo se convertiría en una causa colectiva. Durante años recorrió despachos, realizó gestiones y acudió a contactos vinculados al ámbito militar con la esperanza de encontrar alguna pista sobre el destino de su hijo.

Sin embargo, uno de los momentos más significativos de ese proceso ocurrió cuando revisó los objetos personales de Alejandro. Entre ellos encontró una agenda con poemas escritos por él. Aquellos textos le permitieron conocer aspectos de su vida, sus convicciones y su compromiso político. Años después resumió esa experiencia con una frase que se volvió símbolo de su historia: “Yo siempre digo que estoy feliz de haber parido a mis tres hijos, pero que Alejandro me parió a mí”.

En 1979 se incorporó a las Madres de Plaza de Mayo. Más tarde, tras la división de la organización, integró Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, espacio desde el que desarrolló una intensa actividad pública durante más de cuatro décadas.

Con el tradicional pañuelo blanco, participó de las rondas de los jueves en Plaza de Mayo, acompañó juicios por delitos de lesa humanidad y se convirtió en una de las figuras más reconocidas del movimiento de derechos humanos argentino. Su postura estuvo siempre ligada a la búsqueda de justicia a través de los mecanismos institucionales y al rechazo de cualquier forma de revancha.

A lo largo de su trayectoria recibió numerosos reconocimientos. Entre ellos, cinco doctorados honoris causa y la distinción como Personalidad Destacada de los Derechos Humanos otorgada por la Legislatura porteña.

Su última aparición pública se produjo semanas atrás, cuando la Universidad de Buenos Aires le entregó un doctorado honoris causa en la Facultad de Filosofía y Letras. Desde una silla de ruedas, pero con la misma convicción que sostuvo durante décadas, dejó un mensaje dirigido a las nuevas generaciones.

“Quedamos tres Madres, nada más, y dos Abuelas”, dijo ante un auditorio colmado. Luego agregó: “Ustedes son los que van a continuar luchando por la memoria, por la verdad y por la justicia. Ya hemos pasado la posta”.

También reivindicó el compromiso de los jóvenes con otra frase que resume buena parte de su legado: “No hay que tenerle miedo a la palabra militancia. Militar es tener compromiso”.

Con su muerte se apaga una de las voces más influyentes de la lucha por los derechos humanos en la Argentina, pero queda una historia atravesada por el dolor, la perseverancia y la decisión de transformar una tragedia personal en una causa colectiva que trascendió generaciones.


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