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La operación que cambió el destino de San Nicolás

18 octubre 2026 - 10:05

Una escritura firmada hace 306 años, lejos de la ciudad, fue decisiva para que décadas después comenzara a formarse el pueblo a orillas del Paraná.

El 18 de octubre de 1720, cuando San Nicolás todavía no existía como pueblo organizado, una operación inmobiliaria realizada en Santa Fe de la Vera Cruz modificó la propiedad de una extensa superficie de tierras ubicadas sobre la costa del río Paraná. El comprador fue el capitán Francisco Miguel de Ugarte, cuyo apellido quedaría directamente vinculado con el origen de la ciudad.

Este domingo se cumplen 306 años de aquella escritura, considerada uno de los antecedentes patrimoniales más importantes de la historia nicoleña.

La operación comprendió tierras pertenecientes a la antigua estancia de los Tres Arroyos, una propiedad colonial que abarcaba sectores de lo que posteriormente serían San Nicolás y localidades vecinas.

La importancia del acontecimiento no estuvo solamente en el cambio de propietario. Años después, parte de esas tierras llegaron a manos de Juana Paulina de Ugarte, hija del comprador, quien junto con su esposo, Rafael de Aguiar, impulsó el establecimiento del pueblo que terminaría convirtiéndose en San Nicolás.

Una escritura realizada lejos del Paraná

Durante las primeras décadas del siglo XVIII, el territorio que actualmente ocupa San Nicolás formaba parte de una extensa región rural organizada mediante grandes propiedades.

La distribución de las tierras respondía al sistema colonial español, que había permitido la entrega de superficies considerables a particulares a través de mercedes, herencias y operaciones de compraventa.

El dominio jurídico colonial se había establecido sobre territorios que ya contaban con una historia anterior de ocupación y circulación de poblaciones indígenas.

Una de aquellas propiedades era conocida como estancia de los Tres Arroyos, denominación relacionada con los cursos de agua que atravesaban la región.

El establecimiento comprendía una importante extensión sobre la margen derecha del Paraná, en un territorio que todavía no tenía la organización urbana que adquiriría décadas después.

La propiedad había pasado por diferentes titulares hasta quedar vinculada con la familia de Antonio de Vera Mujica.

El 18 de octubre de 1720, sus herederos formalizaron la venta de las tierras al capitán Francisco Miguel de Ugarte.

La escritura fue otorgada en Santa Fe de la Vera Cruz, ciudad que durante aquellos años mantenía una estrecha relación administrativa y comercial con los territorios ubicados sobre el Paraná.

El documento permitió que Ugarte incorporara a su patrimonio una extensa propiedad que posteriormente sería distribuida entre sus descendientes.

La familia que quedó vinculada con el origen de la ciudad

Francisco Miguel de Ugarte desarrolló actividades vinculadas con la explotación rural y la administración de propiedades.

Su presencia en la región se produjo durante un período en el que comenzaron a consolidarse distintos asentamientos sobre los caminos que comunicaban Buenos Aires con Santa Fe.

El movimiento de personas, mercaderías y animales contribuyó a incrementar la importancia de aquellos parajes.

Las estancias funcionaban como unidades productivas y, al mismo tiempo, como puntos de referencia dentro de un territorio todavía escasamente urbanizado.

Ugarte mantuvo la propiedad de buena parte de las tierras adquiridas en 1720, aunque también realizó operaciones de transferencia de determinadas parcelas.

Su familia terminó ocupando un lugar central en la historia posterior de la región.

Una de sus hijas fue Juana Paulina de Ugarte, quien en 1738 contrajo matrimonio con Rafael de Aguiar.

La unión tendría consecuencias que trascendieron el ámbito familiar.

El papel de Juana Paulina de Ugarte

Al casarse con Rafael de Aguiar, Juana Paulina recibió de su padre una porción de las tierras familiares como parte de su dote matrimonial.

La propiedad comprendía terrenos ubicados sobre el río Paraná, dentro del área que posteriormente formaría parte de San Nicolás.

La transferencia permitió que el matrimonio dispusiera de una superficie donde comenzó a desarrollarse el núcleo poblacional.

Este antecedente resulta importante porque durante muchos años las reconstrucciones históricas destacaron casi exclusivamente la figura de Rafael de Aguiar.

Sin embargo, las investigaciones posteriores permitieron recuperar el papel de Juana Paulina como propietaria de las tierras y participante de las decisiones que favorecieron la formación del pueblo.

Su contribución no fue solamente familiar.

La disponibilidad de los terrenos constituyó una condición necesaria para avanzar con la construcción de los primeros espacios comunitarios.

En 2012, el municipio reconoció oficialmente su condición de cofundadora de San Nicolás, una reivindicación histórica que quedó reflejada en una inscripción colocada en el atrio de la Catedral.

De una estancia colonial a un pueblo

El crecimiento del asentamiento se relacionó con la construcción de una capilla dedicada a San Nicolás de Bari, santo por el que Rafael de Aguiar tenía una especial devoción.

La iniciativa permitió reunir alrededor del establecimiento religioso a familias que vivían dispersas en el territorio.

La presencia de una capilla favorecía la organización de ceremonias religiosas, reuniones comunitarias y diferentes actividades vinculadas con la vida cotidiana.

Pero el proyecto también necesitaba terrenos destinados a calles, espacios públicos y dependencias religiosas.

En ese proceso, el matrimonio Aguiar-Ugarte tuvo una intervención decisiva.

La donación y organización de tierras permitió avanzar hacia una distribución más estable del asentamiento.

La formación del pueblo no respondió a una única ceremonia fundacional realizada bajo las formalidades habituales de la administración colonial.

Por el contrario, fue el resultado de un proceso que combinó decisiones particulares, iniciativas religiosas y el establecimiento progresivo de pobladores.

La fecha del 14 de abril de 1748 quedó posteriormente reconocida como el aniversario fundacional de San Nicolás.

Por qué el 14 de abril es la fecha oficial

La historia de San Nicolás presenta una particularidad: su fundación no quedó registrada mediante un acto único comparable con los desarrollados en otras ciudades coloniales.

El crecimiento del asentamiento se produjo de manera progresiva, alrededor de la capilla y de las tierras destinadas a la organización del pueblo.

Durante el siglo XIX, distintos investigadores comenzaron a reconstruir los acontecimientos que habían dado origen a la ciudad.

Uno de ellos fue Damián Menéndez, considerado el primer historiador nicoleño.

Su trabajo permitió recuperar documentos relacionados con los antiguos propietarios de tierras y con la actuación de la familia Aguiar-Ugarte.

Entre los antecedentes identificados se encontraba precisamente la escritura del 18 de octubre de 1720.

En 1893, durante la intendencia de Casiano Ruiz Huidobro, la Municipalidad oficializó el 14 de abril como fecha de conmemoración de la fundación.

La decisión se apoyó en los antecedentes históricos reunidos hasta entonces.

De esta manera, la ciudad adoptó una fecha representativa de su origen, aunque su formación había sido consecuencia de un proceso desarrollado durante varios años.

Los terrenos que dieron forma a San Nicolás

La reconstrucción histórica realizada por Santiago Chervo permite identificar el espacio que ocupó el primer núcleo urbano.

Según esa investigación, el trazado inicial comprendía un sector delimitado aproximadamente por el río Paraná, las actuales avenidas Falcón, Savio y Moreno, y la calle Lavalle.

Dentro de ese espacio comenzaron a organizarse las primeras manzanas del pueblo.

El trazado de calles, la ubicación de la capilla y la distribución de terrenos respondieron a la necesidad de dar una estructura más definida al asentamiento.

Con el paso de las décadas, San Nicolás fue incorporando nuevas actividades comerciales, administrativas y portuarias.

Su ubicación sobre el Paraná y en un corredor de comunicación entre Buenos Aires y Santa Fe favoreció el crecimiento de la población.

La ciudad terminaría adquiriendo una importancia regional que superó ampliamente las dimensiones de aquel primer núcleo.

Un antecedente anterior a la fundación

La escritura de 1720 no significó el nacimiento de San Nicolás.

Tampoco fue el comienzo de la presencia humana en el territorio, cuya historia se remonta a períodos anteriores a la colonización española.

Su importancia radica en que permite identificar una de las operaciones que determinaron la posterior distribución de las tierras sobre las que se organizó el pueblo.

La adquisición realizada por Francisco Miguel de Ugarte vinculó la estancia de los Tres Arroyos con una familia que tendría participación directa en la formación de la ciudad.

La dote recibida por Juana Paulina de Ugarte, su matrimonio con Rafael de Aguiar y las decisiones posteriores relacionadas con la capilla y la organización de terrenos completaron una secuencia histórica que se extendió durante casi tres décadas.

En ese proceso también participaron pobladores, autoridades y representantes religiosos que contribuyeron a consolidar el asentamiento.

Una fecha poco conocida de la historia nicoleña

A 306 años de aquella operación, el 18 de octubre de 1720 permite recuperar una etapa que suele quedar relegada frente a los acontecimientos posteriores de la historia local.

San Nicolás es recordada principalmente por su fundación en 1748, por el Acuerdo de 1852 y por su desarrollo portuario e industrial.

Sin embargo, antes de convertirse en una ciudad, el territorio atravesó diferentes procesos de ocupación, explotación rural y transmisión de propiedades.

La antigua estancia de los Tres Arroyos formó parte de esa historia.

La compraventa realizada en Santa Fe no creó por sí sola el pueblo, pero estableció un antecedente patrimonial que resultaría decisivo.

Décadas después, las tierras adquiridas por Francisco Miguel de Ugarte quedarían vinculadas con la iniciativa de su hija Juana Paulina y de Rafael de Aguiar.

El 18 de octubre de 1720 quedó así incorporado a la historia de San Nicolás como una fecha anterior a su fundación, pero estrechamente relacionada con el proceso que hizo posible su nacimiento.


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