17 octubre 2026 - 08:49
Hace 120 años, San Nicolás avanzaba en una ambiciosa obra cultural mediante un sistema de financiamiento que involucró a vecinos y comerciantes. La iniciativa había comenzado durante la gestión del intendente Serafín Morteo.
El 17 de octubre de 1906 aparece registrado en la historia de San Nicolás como una fecha relacionada con el financiamiento del actual Teatro Municipal Rafael de Aguiar. La historia local identifica aquella jornada con una autorización para que el municipio recurriera a un préstamo de 100.000 pesos aportados por vecinos, destinado a sostener la construcción de uno de los edificios más representativos de la ciudad.
Este sábado se cumplen 120 años de aquel antecedente, que formó parte de un proyecto impulsado por el intendente Serafín Carlos Morteo y aprobado inicialmente por el Concejo Deliberante en agosto de 1905.
La iniciativa tenía una particularidad: buena parte de los recursos necesarios para levantar el teatro no provenía directamente de la recaudación municipal, sino de un empréstito público respaldado por particulares y entidades locales.
La operación permitió avanzar con una obra de grandes dimensiones para una ciudad que, a comienzos del siglo XX, atravesaba un proceso de crecimiento urbano, comercial e institucional.
El teatro sería inaugurado dos años después, el 10 de agosto de 1908, durante la intendencia de Adolfo Bruyant.
A principios del siglo XX, San Nicolás contaba con una actividad comercial vinculada con su ubicación sobre el río Paraná y con la producción agropecuaria de la región.
El crecimiento de la ciudad había generado nuevas demandas de infraestructura y servicios públicos.
Durante las administraciones municipales de aquellos años se impulsaron obras destinadas a modernizar el espacio urbano.
La construcción del Palacio Municipal y del edificio de los Tribunales formó parte de ese proceso, junto con intervenciones relacionadas con el alumbrado, las calles, los espacios públicos y los servicios.
Sin embargo, las autoridades consideraban que faltaba un establecimiento cultural acorde con las dimensiones y las aspiraciones de la ciudad.
San Nicolás ya tenía antecedentes de actividad teatral durante el siglo XIX, pero las salas disponibles presentaban limitaciones.
Una investigación histórica sobre el desarrollo de los teatros municipales señala que, hacia fines de aquel siglo, las condiciones edilicias de algunos establecimientos habían provocado dificultades para sostener las funciones.
La construcción de una nueva sala comenzó entonces a formar parte de las iniciativas municipales.

El proyecto adquirió impulso durante la gestión del intendente Serafín Carlos Morteo, quien gobernó San Nicolás entre 1905 y 1906.
Morteo tenía una extensa trayectoria en la administración municipal y había participado de diferentes iniciativas vinculadas con el crecimiento urbano.
En agosto de 1905 presentó ante el Concejo Deliberante una propuesta para construir un teatro que respondiera a las necesidades culturales de la ciudad.
El proyecto contemplaba la adquisición de un terreno y la ejecución de un edificio especialmente diseñado para representaciones teatrales y musicales.
La inversión prevista alcanzaba los 125.000 pesos, una suma considerable para la época.
El Concejo Deliberante aprobó las propuestas relacionadas con la obra y su financiamiento durante la sesión del 9 de agosto de 1905.
La iniciativa también recibió el respaldo de vecinos que participaron de las gestiones previas y acompañaron la decisión de las autoridades.
Los vecinos aportaron el dinero
Una de las características más importantes del proyecto fue el mecanismo elegido para financiarlo.
La Municipalidad recurrió a un empréstito público mediante la emisión de bonos que podían ser adquiridos por particulares y entidades.
El sistema permitió reunir recursos para afrontar la construcción sin depender exclusivamente de los fondos municipales disponibles.
Entre los participantes se encontraban comerciantes, empresarios, profesionales y representantes de instituciones locales.
La comisión encargada de administrar la obra estuvo presidida por el propio Morteo e integrada por vecinos con participación en diferentes actividades económicas y sociales.
Uno de ellos fue Maximiano Vázquez, vinculado con el Hospital San Felipe y el Banco Popular de San Nicolás.
También participaron León Bossús, Ignacio Aristarán, Eulogio Sánchez, Isidoro Echeverría, Juan Bicetti, Tiburcio Bustinza, José Molina y Federico Gard.
La investigación histórica sobre la construcción del teatro documenta que los integrantes de aquella comisión concentraban una parte importante de los bonos emitidos.
El Banco Popular de San Nicolás figuró entre los principales suscriptores.
La colocación de los títulos avanzó rápidamente y permitió obtener prácticamente la totalidad de los recursos previstos mediante ese mecanismo.
La iniciativa de Morteo contemplaba un aspecto que hoy resulta especialmente interesante.
El proyecto no se limitaba a construir una sala destinada a espectáculos.
También establecía una distribución de los beneficios económicos que pudiera generar su funcionamiento.
Según la investigación académica sobre los teatros municipales, la propuesta original destinaba una parte de las utilidades a la Municipalidad y otra a instituciones asistenciales.
Entre las entidades beneficiarias figuraban el Hospital y Asilo San Felipe y un establecimiento destinado a la atención de personas con tuberculosis.
El planteo muestra que la construcción del teatro también estaba relacionada con la organización de los servicios comunitarios.
En aquellos años, el Hospital San Felipe llevaba poco más de tres décadas de existencia.
La institución había sido fundada en 1874 y constituía una de las principales referencias sanitarias de San Nicolás.
La posibilidad de destinar parte de los ingresos teatrales a establecimientos asistenciales formaba parte de una concepción municipal que vinculaba el desarrollo cultural con otras necesidades sociales.

Los trabajos comenzaron durante abril de 1906. La piedra fundamental fue colocada el 26 de abril, cuando ya se habían desarrollado las primeras gestiones para adquirir el terreno y contratar a los responsables de la construcción.
El proyecto arquitectónico estuvo a cargo del ingeniero Juan B. Aramburu, mientras que la ejecución fue adjudicada a los constructores Domingo Nevani y Enrique Gabrielli.
El edificio comenzó a levantarse en la esquina de De la Nación y Maipú, donde permanece actualmente.
La obra incorporó características arquitectónicas vinculadas con las grandes salas teatrales europeas de la época.
Su diseño contemplaba una sala con disposición en herradura, palcos distribuidos en diferentes niveles y espacios destinados a la circulación del público.
La construcción también exigió la contratación de especialistas para resolver aspectos relacionados con la decoración, la iluminación y el mobiliario.
Los materiales y elementos ornamentales fueron adquiridos a proveedores nacionales y extranjeros.
La magnitud del proyecto reflejaba la intención de dotar a San Nicolás de un edificio que trascendiera las necesidades inmediatas.
La decoración interior estuvo a cargo de profesionales especializados.
Entre ellos se destacó el artista italiano Rafael Barone, responsable de pinturas que todavía forman parte de las características distintivas del edificio.
El telón fue realizado por Mateo Casella y llegó desde Nápoles.
Para el mobiliario se recurrió a la firma vienesa Thonet, reconocida por la fabricación de sillas y otros elementos mediante técnicas de curvado de madera.
También se incorporaron mármoles, luminarias y materiales decorativos que contribuyeron a definir la identidad arquitectónica del teatro.
La obra avanzó durante 1906 y continuó bajo la administración municipal siguiente.
A fines de aquel año, Serafín Morteo concluyó su mandato y fue sucedido por Adolfo Bruyant, quien quedó al frente del municipio durante la etapa final de la construcción.

El 10 de agosto de 1908, San Nicolás inauguró oficialmente su nuevo Teatro Municipal.
La ceremonia se desarrolló con la presentación de la ópera Manon Lescaut, del compositor italiano Giacomo Puccini.
La representación estuvo a cargo de una compañía lírica italiana dirigida por A. Bernabei.
La función contó con la presencia de autoridades, representantes de instituciones y vecinos que habían acompañado el proceso de construcción.
La inauguración marcó el comienzo de una nueva etapa para la actividad cultural de la ciudad.
El edificio comenzó a recibir espectáculos musicales, representaciones teatrales y diferentes acontecimientos institucionales.
Con el paso de las décadas, se convirtió en uno de los principales espacios de encuentro de la comunidad nicoleña.
Aunque actualmente se lo conoce como Teatro Municipal Rafael de Aguiar, esa no fue su denominación original.
El nombre fue incorporado en 1958, cuando se cumplieron cincuenta años de su inauguración.
La decisión fue adoptada durante la intendencia de Miguel Bent, como homenaje a Rafael de Aguiar, fundador de San Nicolás.
El edificio continuó funcionando como uno de los principales escenarios culturales de la ciudad.
Su valor arquitectónico e histórico fue reconocido oficialmente en 2011, cuando el Estado nacional lo declaró Monumento Histórico Nacional mediante el Decreto 837.
La declaración destacó las características de su arquitectura, sus elementos ornamentales y la importancia patrimonial del conjunto.
A 120 años del antecedente financiero registrado el 17 de octubre de 1906, la historia del Teatro Municipal permite recuperar una etapa de San Nicolás marcada por importantes proyectos de infraestructura.
La construcción fue impulsada por las autoridades municipales, pero necesitó también de la participación económica de vecinos y entidades.
El empréstito público permitió reunir recursos para concretar una obra que superaba las posibilidades habituales de inversión del municipio.
La iniciativa de Serafín Morteo, el acompañamiento del Concejo Deliberante y la participación de comerciantes, profesionales e instituciones hicieron posible la construcción.
El resultado fue un edificio que atravesó diferentes etapas políticas, económicas y culturales sin perder su función original.
Hoy, el Teatro Municipal Rafael de Aguiar permanece como uno de los principales símbolos arquitectónicos de San Nicolás.
Su historia recuerda que, mucho antes de convertirse en un monumento reconocido por el Estado nacional, fue un proyecto municipal que necesitó del aporte económico de una parte de la comunidad para hacerse realidad.
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