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“Los Doce Apóstoles” de Sierra Chica

7 abril 2026 - 05:40

El motín mas cruento de los últimos tiempos en el país, ocurrió en Semana Santa de 1996, dejó ocho muertos y escenas estremecedoras que marcaron un antes y un después en el sistema penitenciario bonaerense.

A tres décadas del motín de Sierra Chica, el episodio vuelve a ser recordado como uno de los hechos más violentos y perturbadores de la historia carcelaria argentina, ocurrido en 1996 en la Unidad Penitenciaria N°2, ubicada a diez kilómetros de Olavarría.

Durante ocho días, entre el 30 de marzo y el 7 de abril —en plena Semana Santa—, cerca de 1.500 internos protagonizaron una rebelión que dejó ocho muertos, rehenes y una sucesión de hechos que conmocionaron al país .

El levantamiento comenzó el 30 de marzo, cuando un grupo conocido como “Los Doce Apóstoles”, liderado por Marcelo “Popó” Brandán Juárez, intentó una fuga enfrentándose a otra banda encabezada por Agapito “Gapo” Lencina . El intento fracasó tras la intervención de un guardia armado, lo que derivó en un violento atrincheramiento dentro del penal.

En medio del caos, los internos tomaron como rehenes a guardiacárceles, un médico y tres pastores evangelistas. Más tarde, se sumaron la jueza de Azul María de las Mercedes Malere y el funcionario judicial Héctor Torrens, quienes quedaron atrapados en el conflicto . “Me dijeron que estaba todo tranquilo”, declararía luego la magistrada, al cuestionar la información recibida por el Servicio Penitenciario Bonaerense.

Con el correr de las horas, el motín derivó en una interna brutal entre los propios presos. El 1° de abril comenzó una serie de asesinatos dentro del penal: el primero fue Hugo Barrionuevo Vega, seguido por otros seis internos, incluido el propio Lencina .

Los relatos posteriores describieron escenas estremecedoras: los cuerpos fueron descuartizados, trasladados en ollas e incinerados en el horno de la panadería del penal. Testigos afirmaron que incluso se habrían elaborado empanadas con restos humanos, mientras que en otro episodio los internos jugaron “a la pelota” con la cabeza de una de las víctimas .

Mientras el país seguía el hecho en vivo, el entonces gobernador bonaerense Eduardo Duhalde evaluó una intervención armada, aunque finalmente optó por una estrategia de desgaste para evitar más muertes .

El 5 de abril, los cabecillas hablaron públicamente desde el techo del pabellón 11: “Si la Policía intenta entrar, la primera que muere es la jueza. Queremos que aprueben el petitorio y atiendan a los heridos de bala que tenemos. No hay muertos”, dijeron, pese a que ya se contabilizaban ocho víctimas .

La rendición comenzó el 7 de abril, Domingo de Pascua, con la mediación del obispo de Azul. Los líderes del motín fueron trasladados a la cárcel de Caseros, donde años después protagonizaron nuevos episodios de violencia.

El juicio por los hechos se desarrolló en 2000 con medidas de seguridad inéditas: 150 testigos declararon en una sala montada en la cárcel de Melchor Romero, con los acusados aislados a 200 metros y custodiados por 100 agentes .

El 10 de abril de ese año, Marcelo Brandán, Jorge Pedraza, Juan Murguia, Miguel Acevedo, Víctor Esquivel y Miguel Ángel Ruiz Dávalos fueron condenados a prisión perpetua, mientras que otros imputados recibieron penas menores y seis resultaron absueltos.

A 30 años, el motín de Sierra Chica sigue siendo un símbolo de las fallas estructurales del sistema penitenciario: sobrepoblación, autogobierno interno y violencia entre internos. Un episodio extremo que dejó al descubierto un problema que, según especialistas, aún no ha sido resuelto.


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