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Horacio Rega Molina y el peronismo primigenio

17 julio 2021 - 12:17

Nacido en San Nicolás de los Arroyos con el siglo XX, Horacio Rega Molina fue uno de los poetas de la provincia de Buenos Aires que trascendió con creces sus límites.

Nacido en San Nicolás de los Arroyos con el siglo XX, Horacio Rega Molina fue uno de los poetas de la provincia de Buenos Aires que trascendió con creces sus límites. Supo ser un poeta del interior, pero de la intimidad interior, a través de una puesta en escena de las cosas simples, de los hechos simples (“de la modesta vida provinciana”), hasta el detallismo. No siguió las enseñanzas de maestro alguno, quizás se emparentó espiritualmente al sencillismo de un Baldomero Fernández Moreno, pero obedeció sin duda más a su intuición que al estudio, y eso lo encaminó desde temprano, eso y “las cosas por mi cariño descubiertas”.

En 1919 publicó su primer libro, La hora encantada. En 1923 apareció el segundo, El árbol fragante. Formó parte del grupo promotor de la revista Martín Fierro y en 1925 publicó Víspera del Buen Amor, logrando el espaldarazo de Leopoldo Lugones que exaltó sus sonetos como “una de las más modernas realizaciones de la poesía castellana”. También Miguel de Unamuno elogió sus versos. Domingos dibujados desde una ventana, un libro superior, se difunde en el año 1928. Publica Azul de mapa en 1931, por el cual es premiado por la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. En los años 1933 y 1934 participa marginalmente en la Revista Multicolor de Crítica. Junto a César Tiempo, apoya la premiación de Tumulto de José Portogalo en el año 1935, lo que constituyó todo un hecho cultural y político. En 1940 publica Oda Provincial en recuerdo de su San Nicolás natal. Es premiado por la Comisión Nacional de Cultura. En el año 1942 estrena, en el Teatro del Pueblo, fundado y animado por Leónidas Barletta, la obra La vida está lejos. Continúa en la docencia y el periodismo, en Crítica, en El Mundo, en la revista El Hogar. En el año 1946 da a luz el libro Patria del campo. Prosigue en el ejercicio del periodismo en El Mundo, aunque cambian las titularidades de la empresa y sus orientaciones político-culturales. Durante el año 1949 elabora los borradores de Mensajes a la Nueva Argentina que serán publicados por la Subsecretaría de Informaciones, merced a una relación previa que tenía con Raúl Apold. En el año 1950 dicta la conferencia “La proyección social del Martín Fierro”, en el Ministerio de Educación. En el año 1951 publica Sonetos de mi sangre, por el cual será premiado por la Comisión Nacional de Cultura.

Estar junto a Eva Perón y a su esposo en la presentación de la Editorial Peuser de La razón de mi Vida, el 15 de octubre de 1951, siendo Rega Molina no un simple invitado sino quien, a modo de presentación, leyó su trabajo: “Significado de La Razón de mi Vida”, un exhaustivo análisis político-social del significado de la primera obra de Evita, concitó la crítica adversa de colegas y de pares, y hasta muchos lo señalaron como el “ghostwriter” que prestó su pluma para plasmar La razón de mi vida. Se le atribuyen estas palabras, que titulan algún texto puesto a circular por la Subsecretaría de Informaciones: “Es un canto de redención social hecho realidad por su autora”. En consonancia, apoyó la reelección de Juan Domingo Perón y el plan económico del gobierno lanzado en el año 1952. Intervino también en la obra colectiva Una nación recobrada y colaboró en el suplemento cultural, que dirigía César Tiempo, del diario La Prensa, intervenido por el gobierno y bajo control de la CGT. Publica una Antología poética en Espasa Calpe, en el año 1954.

Se prepara para publicar un nuevo libro y filmar un guion cinematográfico, pero, ya en tiempos de la llamada “Revolución Libertadora”, pierde posiciones de relevancia tanto en el espacio público como en la prensa, sufriendo la persecución en el diario El Mundo, empresa privada en la que se desempeñaba desde hacía décadas, y resulta incluido, con mención expresa, en la documentación de las comisiones investigadoras montadas por el nuevo régimen. Estaba, entre otros pecados, muy difundida la especie (nunca comprobada) de que había sido el verdadero autor del libro de Evita, y así la pagó.

Todo gran poeta tiene la facultad de inventar o de crear uno o más mitos poéticos alrededor de los cuales teje su obra. En el caso de Horacio Rega Molina, ellos son los días y los domingos pueblerinos, las letanías de ese feriado triste, solitario, los pequeños elementos y espacios de las casas de infancia (las puertas, las ventanas, el aljibe, el patio), y también, y fundamentalmente, el de la región ribereña que nos pertenece, materializado en la tierra: su libro de 1946, Patria del campo, lo conforma. De lo primero, dan testimonio estos versos: “El domingo se ha hecho para que yo recuerde / el buffet soñoliento de una estación cualquiera, / con espejos envueltos en una gasa verde, / y ese olor a creolina de las salas de espera. // Para sentir de nuevo, como en insomnes horas, / el estremecimiento con que mi edad escasa / oía los silbatos de las locomotoras / hiriendo el abandono nocturno de la casa. //…// El domingo se ha hecho para emprender un viaje. / Para ver, en asientos de cuero apoltronados, / que al margen de la vía se despegael paisaje. / Paisajes cuyos bordes fueron mal engomados. //…// (Costas de tinta china. Golfos. Bancos de arena. / Círculos donde el mar es más playo o profundo. / Al Sur o al Norte un oso polar o una ballena. / Más hermosos que el mundo son los mapas del mundo)”.

De lo último, nuestra entrañable tierra, estos otros: “Rojas, azules, verdes, amarillas. / El pico abierto, el ojo entrecerrado. / Canta el punzante gallo y en astillas / rompe su canto un aire congelado. // Aquí todo perdura en el sentido / fundamental de la cosmogonía, / ponte un pájaro muerto en el oído / y escucharás su canto todavía. // Patria del campo es ésta, para goces / de una igualdad contada con plurales. // Si vienes, no me llames dando voces / y búscame apartando los trigales”.

Horacio Rega Molina falleció en Buenos Aires en octubre de 1957.

Por Mario Goloboff, para Pagina 12.

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