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Gustavo Ng presenta “La intimidad de las islas”

18 abril 2022 - 09:43

El día que los dioses nos abandonaron en el río.

El sábado 23 de abril, en el espacio cultural “La Fragua” (Rivadavia 4127, CABA) a las 17.30, Ediciones del Sauce presenta el libro “La intimidad de las islas”, con textos del periodista Gustavo Ng y dibujos del arquitecto e ilustrador nicoleño Juan Aiello. Más adelante, a principios del mes de mayo, el libro será presentado en San Nicolás.

El editor Camilo Sánchez destacó que “Otro lujo que nos damos”- al referirse a la publicación-. “No se leen todos los textos que se publican, tres o cuatro veces en voz alta, como hicimos con Gustavo Ng. No se consigue así nomás que Juan Aiello, que dibuja desde niño, desde siempre, por fin se anime a sacar su trazo del ámbito privado. Adriana Llano hizo, en el cuidado del diseño con la magia de siempre. El 7 de mayo, como no podía ser de otra manera, se presenta en nuestra ciudad en el Buen Libro.

El propio autor Gustavo Ng responde a un interrogante: ¿Es una novela sobre San Nicolás o es una novela nicoleña?

“En el libro anterior “Mariposa de Otoño” (2017) narraba la radicación de la fábrica textil Estela, por parte de una empresa china. Mi padre fue uno de los chinos que llegaron a instalarla. Yo nací en San Nicolás y la fábrica creo que todavía es una de las ruinas más hermosas que tiene la ciudad, con toda la tristeza que cargan las ruinas. Sería una pena que no las aprovechen. La municipalidad podría establecer allí una sede para la zona norte, con un gran espacio para la cultura, como la ciudad de Valparaíso hizo el Parque Cultural en las ruinas de una cárcel.

El libro “La intimidad de las islas” es una continuación de “Mariposa de Otoño” en tanto sus historias siguen saliendo de San Nicolás”.

Los textos aparecen en las crisis.

El autor confiesa que “Escribí este libro cuando viví un momento decisivo en la relación con uno de mis hijos. Los momentos críticos a veces nos hacen revisar toda la vida. Es lo que pasó con ese encuentro con mi hijo Fernando, y en la recapitulación de mi vida, volví a San Nicolás.

Me pregunté mucho qué es lo que les estoy dejando a mis hijos y entonces recordé al cura Denis FitzPatrick, a quien seguramente muchos tienen presente. Mi madre contrató a ese sacerdote como profesor de inglés para mi hermana y para mí, por recomendación del doctor Harnan

El cura no trató de evangelizarme. Me enseñó algo de inglés, pero, sobre todo, en ese momento en que yo tenía 16 años, me enseñó que uno podía rebelarse contra la autoridad, si la autoridad era abusiva. Nos tratamos mucho entre 1979 y 1983. El cura no admitía de ningún modo el fascismo, la brutalidad y la criminalidad de la dictadura cívico militar encabezada por Videla. En un momento en que los adultos a los que yo podría escuchar —parientes, profesores, periodistas— hacían silencio, Denis FitzPatrick me habló de las desapariciones, las torturas, los robos y los asesinatos que cometían los militares cada día, y me habló de las desapariciones de los ex alumnos del Colegio Don Bosco, Gerardo Cámpora y Carlos Farayi, y de las desapariciones de María Cristina y Raquel Alvira, de Horacio Martínez, Rosa Baronio, Eduardo Reale, María Regina Spotti, Pablo Leonardo Martínez. Me contó del asesinato de Omar Amestoy, su esposa Ana María Fettolini y sus hijitos. Me habló del homicida Saint Amant y, me habló detalladamente de cómo mataron al obispo Ponce de León. Hablando lo que otros callaban, me enseñó que es posible luchar por la libertad. Y yo me pregunto si les estoy dando a mis hijos algo tan valioso. Me pregunto qué es ser padre.

Por otra parte, me hizo comprender que yo podía ser alguien en la vida, y vio en mí a algo así como un escritor, o sea, alguien que tiene la responsabilidad de contarle a los demás las cosas que pasan en la vida.

Al contar su historia en “La intimidad de las islas”, vi a aquel cura irlandés como un hombre completamente solo. No tenía compañera ni hijos, ni una familia que lo esperaba en su país; no era parte de la comunidad irlandesa en Argentina y en la Iglesia Católica no vivía supeditado realmente a nadie. Sin embargo, vi cómo un barrio entero se reunía a su alrededor, en misas en que no podían comprender qué decía, porque su español era bastante incomprensible. Y mis amigos adolescentes también formaron una barra con él. Supe así que, si una persona está siempre sola en una instancia, a la vez siempre puede procurar estar con otras, y en esa búsqueda se construye una vida. Uno puede forjarse a sí mismo como una persona, al buscar el bien de aquellos a quienes quiere, rompiendo el estado de isla al salir de la satisfacción egoísta de querer ser un privilegiado, ser el mejor, tener más, someter a los demás.

Plantado en esa idea, apareció la historia de un primo de mi mamá, condenado a la soledad absoluta en una de las islas Lechiguanas, que fue salvado por la amistad de un perro. De la misma manera, quise contar mi historia de amor con una chiquilina que conocí en el segundo año de la ENET Nº1 y nos quisimos toda la vida, hasta que ella murió, girando uno alrededor de otro como dos planetas que no pueden estar juntos, pero tampoco pueden separarse.

La hermandad del agua

El río no solo se lleva, a veces trae y ofrenda. Para Ng recuperar a Juan Aiello como ilustrador para la ciudad es uno de los pilares de “la intimidad de las islas”.

“Aquellos amigos adolescentes de esa época teníamos como líder a Alejandro Martínez, que era dueño de una legendaria piragua anaranjada. Era muy generoso y nos llevaba a Pablo All, Javier Tisera, Teodoro Michalópoulos y muchos más en su piragua a las islas frente a San Nicolás. Uno de esos chicos fue Juan Aiello, que era compañero de Alejandro en la Escuela Normal. Cuando me fui a otro país, dejé de ver a Juan y sólo lo reencontré 40 años después. Sospeché que habíamos quedado en lados enfrentados de la brecha, pero resultó que teníamos una convergencia total, ideológica, afectiva, y recordábamos San Nicolás de la misma manera. Nos hicimos más amigos que en aquella época. Cuando le mandé a este Juan, que es un arquitecto exquisito, alguno de los textos que forman parte de “La intimidad de las islas”, un día se apareció con dibujos que le inspiraron las historias. Es un artista impresionante. Yo me quedé profundamente impresionado, porque sus dibujos decían lo que yo tenía en el alma, mucho mejor que mis palabras.

Los dibujos de Juan Aiello están recargados de río, perros, Hospital San Felipe, isla. Son una pintura de San Nicolás asombrosamente fiel y profundamente sentida.

Entonces, el director de El Bien del Sauce Edita, Camilo Sánchez, que es el editor más puro que conocí en mi vida, dijo que teníamos que hacer un libro con los textos y los dibujos. Fue él, el que dijo: “Estos son textos y dibujos nicoleños”.

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