Porque nada queda oculto
Jueves 05 de Marzo de 2026
5 marzo 2026 - 10:30
Según datos recientes de la superintendencia de Riesgos de trabajo (SRT) y el SIPA a Marzo del 2026 el 34% del total de empresas que cerraron no llegaron a 3 años de vida
Si la caída de industrias consolidadas es una herida al corazón de la producción, la desaparición de las firmas jóvenes representa una amputación al futuro del país. Según datos recientes de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) y el SIPA a marzo de 2026, el fenómeno del “corto ciclo de vida” se ha vuelto una constante dramática en el ecosistema emprendedor argentino.
El dato es escalofriante: el 34% del total de cierres registrados entre finales de 2024 y principios de 2026 correspondió a empresas con menos de tres años de antigüedad. Se trata de aquel tejido que nació bajo la esperanza de la post-pandemia (2021-2022) y que, tras sortear las dificultades de la gestión anterior, chocó de frente contra un modelo que prioriza la estabilidad financiera sobre la sostenibilidad de la microeconomía.
Sin red para el salto inicial
Durante el gobierno de Alberto Fernández, la creación de empresas post-confinamiento fue alentada por tasas subsidiadas y programas de fomento al consumo que, aunque inflacionarios, permitían un flujo de caja mínimo para que un emprendimiento “despegara”. Las firmas que nacieron en ese entonces —muchas de ellas orientadas a la tecnología aplicada, servicios de proximidad y manufactura liviana— no llegaron a consolidar sus reservas de capital antes del cambio de paradigma.
Bajo la gestión de Javier Milei, estas pymes jóvenes se encontraron con un escenario de “extinción acelerada” debido a tres factores letales:
La licuación de la demanda: Al ser empresas en formación, no cuentan con una clientela cautiva ni contratos de largo plazo, lo que las hace las primeras víctimas cuando el consumo masivo se desploma.
Costos en dólares vs. Ingresos en pesos: Muchas de estas firmas «nacidas post-pandemia» dependen de insumos importados o tecnología cuyo costo se disparó con la devaluación y la quita de subsidios energéticos, sin poder trasladar esos precios a un público con salarios deprimidos.
Crédito inexistente: Con tasas de interés que, aunque en descenso nominal, siguen siendo prohibitivas para la inversión real, el financiamiento para capital de trabajo desapareció, dejando a las nuevas empresas sin oxígeno para financiar sus primeros balances negativos.
La paradoja de la supervivencia
El informe del Grupo Atenas revela que, a diferencia de las crisis anteriores donde las empresas cerraban por “mala praxis” o saturación del sector, hoy el cierre es por desplazamiento productivo. No es que estas pymes fueran ineficientes por naturaleza, sino que el esquema de apertura comercial de “shock” las obligó a competir con productos terminados del exterior antes de haber completado su propia curva de aprendizaje y amortización de maquinaria.
En este contexto, San Nicolás es un ejemplo palpable: de las pymes de servicios industriales que se crearon en 2022 para abastecer el repunte metalúrgico, casi la mitad ya no figura en los registros de empleadores activos. La “destrucción creativa” que pregona el liberalismo parece estar siendo, en la práctica argentina, una destrucción a secas de la capacidad emprendedora de las nuevas generaciones.
