20 octubre 2026 - 05:57
Hace 42 años asumía un obispo que debió conducir el crecimiento de una devoción religiosa que terminó transformando.
El 20 de octubre de 1984, Domingo Salvador Castagna asumió como obispo de San Nicolás en un momento particular para la historia religiosa de la ciudad. Apenas un año antes habían comenzado a difundirse los testimonios de una vecina que aseguraba recibir apariciones y mensajes de la Virgen María. Aquellos relatos ya despertaban el interés de numerosos fieles y planteaban a las autoridades eclesiásticas la necesidad de estudiar los acontecimientos.
Este martes se cumplen 42 años de aquella asunción, que marcó el comienzo de una gestión de casi una década durante la cual se organizó el movimiento de peregrinaciones, se constituyeron comisiones de estudio y comenzó la construcción del Santuario de María del Rosario de San Nicolás.
Castagna había sido designado por el papa Juan Pablo II el 28 de agosto de 1984. Hasta entonces se desempeñaba como obispo auxiliar de Buenos Aires, donde había desarrollado una extensa actividad pastoral y académica.
Nacido el 12 de enero de 1931 en General La Madrid, provincia de Buenos Aires, había recibido la ordenación sacerdotal en diciembre de 1955. Posteriormente cursó estudios en Roma y Bruselas, ejerció funciones parroquiales y participó en organismos vinculados con la pastoral social de la Iglesia.
Su llegada a San Nicolás representó la primera oportunidad de conducir una diócesis como obispo titular.
La sede nicoleña había sido creada el 3 de marzo de 1947 por disposición del papa Pío XII. Desde entonces había atravesado diferentes etapas institucionales y pastorales, bajo la conducción de obispos como Silvino Martínez, Francisco Vénnera, Carlos Horacio Ponce de León y Fortunato Antonio Rossi.
Cuando Castagna asumió, la diócesis se encontraba frente a un fenómeno religioso que todavía estaba en sus primeras etapas.
El 25 de septiembre de 1983, Gladys Herminia Quiroga de Motta, una vecina de San Nicolás, había comenzado a relatar experiencias que interpretaba como apariciones de la Virgen María.
Los testimonios se multiplicaron durante los meses siguientes y comenzaron a despertar el interés de fieles y autoridades religiosas.
La situación requería distinguir entre las manifestaciones de devoción popular y el análisis eclesiástico de los acontecimientos relatados.
Ese fue uno de los desafíos que encontró Castagna al asumir el gobierno diocesano.
Años después, durante una entrevista concedida a la Agencia Informativa Católica Argentina, el religioso recordó que el fenómeno ya había alcanzado suficiente notoriedad cuando llegó a San Nicolás.
También explicó que procuró abordar los testimonios con prudencia y recurrió al asesoramiento de sacerdotes y especialistas.
Entre sus principales colaboradores estuvo el presbítero Carlos Pérez, entonces párroco de la Catedral de San Nicolás de Bari, quien había tomado contacto con Gladys Motta durante las primeras etapas de los acontecimientos.
En abril de 1985 se constituyó una comisión destinada a estudiar los testimonios relacionados con las presuntas apariciones.
Ese mismo año, el 25 de agosto, la Municipalidad de San Nicolás donó el terreno conocido como El Campito, ubicado en las proximidades del río Paraná.
El lugar comenzó a adquirir una importancia creciente dentro de las actividades religiosas de la ciudad.
Durante 1986 se organizaron las primeras celebraciones y procesiones.
El 25 de febrero de aquel año se realizó una misa en El Campito, presidida por el vicario general Roberto Mancuso.
Un mes después, el 25 de marzo, Castagna encabezó por primera vez una celebración eucarística en ese lugar.
La concurrencia de fieles fue creciendo y la necesidad de disponer de instalaciones permanentes comenzó a ocupar un lugar central en la organización de las actividades.
En agosto de 1986, el obispo anunció que se avanzaría con la colocación de la piedra fundamental del futuro santuario.
La ceremonia se realizó el 25 de septiembre de 1986, coincidiendo con el tercer aniversario del comienzo de los testimonios de Gladys Motta.
La construcción del templo comenzó formalmente el 13 de octubre de 1987, después de la firma del contrato con la empresa encargada de ejecutar los trabajos.
La obra fue desarrollándose por etapas, con aportes realizados principalmente por los fieles.
El crecimiento de las peregrinaciones modificó progresivamente la dinámica de San Nicolás.
Cada celebración religiosa convocaba a visitantes provenientes de diferentes puntos del país, lo que generaba nuevas necesidades de organización, transporte, alojamiento y servicios.
La ciudad comenzó a consolidarse como destino de peregrinaciones marianas, un proceso que trascendió el ámbito estrictamente religioso y tuvo consecuencias en su actividad económica y turística.
El 19 de marzo de 1989 se habilitó una primera parte del santuario y se trasladó allí la imagen de María del Rosario de San Nicolás.
El templo todavía se encontraba lejos de su terminación definitiva, pero aquella apertura permitió concentrar buena parte de las celebraciones en un espacio especialmente preparado.
Durante los años siguientes continuaron las obras y las actividades pastorales vinculadas con el movimiento mariano.
Castagna también mantuvo encuentros con Juan Pablo II, a quien informó sobre el desarrollo de los acontecimientos y las investigaciones realizadas.
En noviembre de 1990 autorizó la publicación de un conjunto de mensajes atribuidos por Gladys Motta a la Virgen María, mediante un decreto que estableció las condiciones de edición.
Aquella autorización de publicación no equivalía, por sí misma, a una declaración definitiva sobre el origen sobrenatural de las experiencias relatadas.
La evaluación religiosa de esos acontecimientos continuó siendo una cuestión distinta del crecimiento de la devoción y de la construcción del templo.
El 22 de junio de 1994, Juan Pablo II designó a Castagna arzobispo de Corrientes, cargo que asumió el 27 de agosto de ese año.
Su salida puso fin a casi diez años de conducción de la diócesis nicoleña.
Durante ese período, la ciudad había experimentado una transformación significativa alrededor de las peregrinaciones y de la construcción del santuario.
La obra continuó después de su partida y atravesó nuevas etapas hasta alcanzar su configuración arquitectónica principal en mayo de 2014.
En una entrevista publicada en septiembre de 2023, Castagna recordó su participación en aquellos primeros años y destacó especialmente el aporte de los fieles que colaboraron con la construcción.
También explicó que la organización del movimiento religioso exigió un proceso de acompañamiento pastoral y de estudio de los acontecimientos.
Su gestión quedó asociada con una etapa decisiva para la historia contemporánea de San Nicolás.
La llegada del obispo en octubre de 1984 no marcó el comienzo de los testimonios marianos, que se remontaban al año anterior, pero sí el inicio de una conducción eclesiástica durante la cual se adoptaron decisiones fundamentales para el desarrollo del santuario.
A 42 años de aquella asunción, el 20 de octubre de 1984 permanece como una fecha vinculada con el proceso que transformó a San Nicolás en uno de los principales centros de peregrinación religiosa de la Argentina.
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