12 octubre 2026 - 10:03
La institución cumple 105 años en medio de un reciente cambio de conducción. La gestión de Roberto Fernández Viña, los despidos y los reclamos salariales atraviesan su historia reciente.
La Clínica San Nicolás cumple este lunes 105 años de su inauguración, pero el aniversario llega después de uno de los períodos más conflictivos de su historia reciente. El establecimiento, que abrió sus puertas el 12 de octubre de 1921, pasó en poco más de un año de anunciar el ingreso de nuevos inversores a enfrentar denuncias por salarios impagos, despidos, presiones sobre el personal y dificultades para sostener sus servicios.
El centro de salud, ubicado en Rivadavia y Garibaldi, fue durante décadas una de las instituciones privadas de referencia de la ciudad. Su trayectoria estuvo especialmente ligada al médico cardiólogo Roberto Fernández Viña, quien tuvo participación en su conducción y desarrolló allí parte de su actividad profesional e investigativa.
Sin embargo, la historia de la clínica no estuvo exenta de dificultades económicas y laborales. Los problemas que comenzaron a tomar estado público antes del cambio de propietarios continuaron durante la nueva administración, hasta desembocar en medidas de fuerza que afectaron su funcionamiento.
El peso de Fernández Viña en la institución
La figura de Roberto Fernández Viña ocupó un lugar central en la etapa más reciente de la clínica. Su trayectoria como cardiólogo, investigador y promotor de tratamientos vinculados con la medicina regenerativa le permitió alcanzar reconocimiento fuera de San Nicolás y asociar su actividad profesional con el establecimiento.
Fernández Viña impulsó proyectos relacionados con la atención cardiovascular y las investigaciones sobre terapias celulares. Su trabajo, desarrollado junto con equipos médicos y científicos, contribuyó a dar visibilidad a la actividad especializada que se realizaba en la ciudad.
También tuvo responsabilidades dentro de la sociedad propietaria. En antecedentes societarios figuraba como vicepresidente de Clínica San Nicolás S.A., mientras que Liliana Beatriz Camozzi, ejercía la presidencia.
La presencia del médico trascendió el ámbito sanitario. Fue declarado Ciudadano Ilustre de San Nicolás en 2006 y posteriormente participó en la actividad política local.
No obstante, su reconocimiento profesional convivió en los últimos años con cuestionamientos hacia la administración de la clínica, particularmente por las obligaciones laborales que, según denunciaron representantes sindicales, permanecían pendientes antes de concretarse el cambio empresarial.
Una venta que generó expectativas y preocupación
En agosto de 2025 se conoció el ingreso de inversores vinculados con los grupos rosarinos Plaza y Británica Salud.
La operación fue presentada como una oportunidad para reorganizar la institución, ampliar prestaciones y mejorar la infraestructura. La posibilidad de contar con nuevos recursos despertó expectativas en una ciudad donde la disponibilidad de camas y servicios de salud constituye una preocupación permanente.
Pero el anuncio también dejó al descubierto la situación de los trabajadores.
El 25 de agosto de 2025, PRENSA LIBRE SN informó que la secretaria general de ATSA San Nicolás, Mónica Chungo, había confirmado 12 despidos y advertido sobre la incertidumbre que atravesaba el personal.
La dirigente señaló que existían deudas acumuladas por salarios, vacaciones y aguinaldos. También indicó que algunos empleados habían recurrido a la Justicia para reclamar los importes pendientes.
El cambio de propietarios, lejos de representar una transición ordenada para todos los sectores, comenzó acompañado por desvinculaciones y dudas sobre quién debía afrontar las obligaciones laborales anteriores.
Las acusaciones contra la conducción anterior
Durante septiembre de 2025 se conocieron nuevos despidos y se profundizaron los cuestionamientos sindicales.
Representantes del gremio de la sanidad responsabilizaron públicamente a Fernández Viña por deudas que, según afirmaron, se habían acumulado durante su gestión.
El planteo sindical fue particularmente crítico respecto del destino del dinero obtenido mediante la operación empresarial y del incumplimiento de obligaciones con los empleados.
Desde la administración del establecimiento, en tanto, se reconoció que existían desvinculaciones, aunque se indicó que las definiciones legales y económicas correspondían a otras áreas de la empresa.
El 8 de octubre de 2025, el médico falleció a los 73 años, apenas semanas después de que se hiciera público el cambio de conducción.
Su muerte cerró una extensa trayectoria profesional y empresarial, en un momento en que la clínica atravesaba una reorganización que todavía no había logrado resolver los conflictos con el personal.
El nuevo nombre no terminó con los problemas
Con el avance de la nueva administración los reclamos laborales continuaron.
En diciembre de 2025, ATSA San Nicolás denunció que la empresa abonaba solamente el 80% de los salarios y que persistían conflictos relacionados con despidos e indemnizaciones.
La secretaria general del sindicato también cuestionó la falta de respuestas empresariales en las instancias de negociación.
Durante los primeros meses de 2026, la situación siguió generando preocupación entre los empleados, quienes denunciaron dificultades para percibir sus haberes completos y cuestionaron diferentes aspectos de las condiciones de trabajo.
En julio, el conflicto tomó mayor dimensión pública cuando trabajadores del establecimiento aseguraron que recibían presiones para firmar documentos que desmentían las denuncias sobre el funcionamiento de la clínica.
Según sus testimonios, desde agosto de 2025 venían percibiendo pagos parciales de sus salarios y, en uno de los períodos reclamados, solamente habían recibido el 40% de lo correspondiente.
También denunciaron demoras en el pago del aguinaldo, falta de profesionales para determinadas prestaciones y dificultades relacionadas con los insumos.
La retención de tareas y los salarios adeudados
El conflicto alcanzó uno de sus puntos más críticos en agosto de 2026.
El día 6 se conoció que 42 trabajadores reclamaban el pago de los salarios de junio y julio, además de la primera cuota del aguinaldo.
Entre los afectados había médicos, enfermeros, supervisores y personal de limpieza.
Según los empleados, la empresa había comprometido el pago de uno de los meses adeudados, pero el dinero no fue depositado en la fecha anunciada.
Ante esa situación, comenzaron una retención de tareas que redujo considerablemente la actividad del establecimiento.
La medida afectó distintos servicios, mientras se mantuvo la asistencia a los pacientes que permanecían internados.
El conflicto también llegó nuevamente al ámbito sindical. Un grupo de empleados presentó una nota ante ATSA para solicitar que continuara representándolos.
En ese documento afirmaron que una presentación anterior, realizada en diciembre de 2025 para pedir el cese de las actuaciones gremiales, había sido elaborada bajo presiones de la empresa y no reflejaba su verdadera voluntad.
La situación expuso la gravedad del enfrentamiento entre parte del personal y la conducción empresarial, además de las tensiones que también se habían generado alrededor de la representación sindical.
La crisis también alcanzó a los pacientes
Mientras continuaban los reclamos laborales, la clínica quedó involucrada en una decisión que afectó la distribución de afiliados de PAMI en San Nicolás.
En agosto de 2026, el Sanatorio de la UOM informó que había perdido más de 1.600 cápitas y que la mayoría de esos afiliados habían sido reasignados a la Clínica San Nicolás.
La medida generó preocupación porque el establecimiento receptor atravesaba un conflicto salarial y dificultades operativas denunciadas por sus trabajadores.
La situación abrió interrogantes sobre la capacidad de atención disponible y sobre las condiciones en las que se garantizarían las prestaciones a los nuevos afiliados.
El problema dejó de estar limitado a una disputa laboral y pasó a involucrar también a pacientes que dependían de los servicios médicos contratados por sus obras sociales.
Una historia que comenzó mucho antes de SOMISA
La inauguración de la Clínica San Nicolás, el 12 de octubre de 1921, se produjo en una ciudad cuya estructura sanitaria era considerablemente más pequeña.
El Hospital San Felipe, fundado en 1874, constituía uno de los principales centros asistenciales, mientras que la Asistencia Pública municipal había comenzado a funcionar en 1919.
La apertura de la clínica amplió las alternativas de atención privada en una época anterior al gran crecimiento industrial.
Décadas después, la instalación de SOMISA y la expansión de la actividad metalúrgica provocaron un incremento de la población y de la demanda de servicios médicos.
En ese proceso, la institución acompañó el desarrollo sanitario local y se convirtió en un establecimiento conocido por generaciones de nicoleños.
Su historia también quedó ligada a médicos, enfermeros, técnicos, administrativos y trabajadores que sostuvieron las prestaciones durante diferentes períodos.
Un aniversario atravesado por su pasado reciente
El aniversario número 105 encuentra a la Clínica San Nicolás con una trayectoria que excede ampliamente a sus últimas administraciones, pero también con antecedentes recientes que forman parte de su realidad institucional.
La conducción vinculada con Roberto Fernández Viña dejó una marca en la actividad cardiovascular y científica del establecimiento. Al mismo tiempo, durante su última etapa se hicieron públicos reclamos por obligaciones laborales pendientes.
La llegada de los nuevos empresarios rosarinos abrió expectativas de recuperación, aunque durante 2026 continuaron las denuncias salariales y se produjeron medidas de fuerza que afectaron el funcionamiento de la clínica.
Los últimos conflictos documentados corresponden a agosto de este año. No existe información suficientemente corroborada para afirmar que todos los reclamos hayan sido resueltos o que continúen exactamente en las mismas condiciones al momento de este aniversario.
A 105 años de su fundación, la Clínica San Nicolás conserva una historia importante dentro del sistema sanitario local. Pero el recorrido de los últimos meses también dejó en evidencia que la continuidad de una institución no depende solamente de su trayectoria, sino de su capacidad para sostener los servicios médicos y cumplir las obligaciones con quienes trabajan en ella.
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