Domingo 24 de Mayo de 2026
24 mayo 2026 - 09:48
Tras la caída de Sevilla y una maniobra del Cabildo para sostener al virrey, los patriotas volvieron a movilizarse y profundizaron el camino hacia la Revolución de Mayo.
El 24 de mayo de 1810 quedó marcado como uno de los momentos decisivos del proceso revolucionario que desembocaría en el nacimiento del primer gobierno patrio argentino. Ese día, la ciudad de Buenos Aires fue escenario de una fuerte reacción popular y militar contra la decisión del Cabildo de mantener en el poder al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros pese al resultado del Cabildo Abierto realizado dos días antes.
La tensión política venía creciendo desde hacía meses en el Virreinato del Río de la Plata. Las guerras napoleónicas en Europa, las reformas borbónicas y el avance de ideas liberales habían comenzado a alterar el orden colonial tradicional.
El 13 de mayo de 1810, los habitantes de Buenos Aires confirmaron una noticia clave: la caída de la Junta Central de Sevilla, último bastión español que resistía a los ejércitos de Napoleón Bonaparte.
Frente a ese escenario, Cisneros anunció la creación de una nueva regencia americana en representación de Fernando VII. Sin embargo, para los sectores criollos, la desaparición de la autoridad que había designado al virrey abría la posibilidad de reorganizar el poder político.
Las reuniones entre dirigentes revolucionarios se intensificaron entre el 19 y el 20 de mayo.
El 21 de mayo, una multitud encabezada por Domingo French y Antonio Luis Beruti se concentró armada frente al Cabildo para exigir la convocatoria a un Cabildo Abierto y la renuncia del virrey.
Los manifestantes portaban retratos de Fernando VII y cintas blancas como símbolo de unidad entre criollos y españoles.
La situación logró ser contenida momentáneamente por Cornelio Saavedra, jefe del Regimiento de Patricios, aunque el Cabildo Abierto para el 22 de mayo ya era inevitable.
Aquel día, “la parte más sana y principal del vecindario” participó de una extensa discusión política que se prolongó durante 15 horas mientras la plaza permanecía colmada de vecinos.
Dentro del Cabildo se enfrentaron dos posiciones: por un lado, defensores de la continuidad del orden colonial como el obispo Benito de Lué y Riega y el fiscal Manuel Genaro Villota, quienes sostenían que los americanos debían obediencia a España.
Del otro lado, dirigentes criollos como Juan José Castelli y Juan José Paso defendían la formación de juntas locales al considerar que, “desaparecido el rey, el poder había regresado al pueblo”.
La votación realizada entre la noche del 22 y la mañana del 23 de mayo resolvió deponer al virrey y delegar el poder en el Cabildo.
Sin embargo, ese mismo Cabildo impulsó una maniobra que provocó indignación entre los revolucionarios: decidió conformar una nueva junta presidida nuevamente por Cisneros.
La junta estaba integrada por el propio virrey junto a Cornelio Saavedra, Juan José Castelli, el párroco de Monserrat Juan Nepomuceno Solá y el comerciante José de los Santos Inchaurregui.
La noticia desató un inmediato rechazo en distintos sectores de Buenos Aires.
Saavedra y Castelli renunciaron a integrar esa junta y los regimientos de Patricios y Arribeños volvieron a movilizarse.
Uno de los episodios más recordados de esa jornada ocurrió en la casa de Nicolás Rodríguez Peña, donde Manuel Belgrano —mayor del Regimiento de Patricios— juró “arrojar por las ventanas al virrey Cisneros si no era apartado”.
Según relató posteriormente Tomás Guido en su obra “Reseña histórica de los sucesos de Mayo”, las palabras de Belgrano “fueron acogidas con fervoroso aplauso”.
La presión popular y militar continuó creciendo hasta el 25 de mayo, cuando finalmente se constituyó la Primera Junta de Gobierno y comenzó formalmente el proceso revolucionario en el Río de la Plata.
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