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Día Nacional del Bailarín de Tango

7 febrero 2026 - 09:03

El 7 de febrero de 1942, un síncope cardíaco sorprendió al Cachafaz tras una actuación en Mar del Plata. Desde entonces, la fecha recuerda al bailarín que llevó el tango del arrabal al mundo.

El 7 de febrero de 1942 el tango sufrió una de sus pérdidas más profundas. Un síncope cardíaco terminó con la vida del El Cachafaz, considerado el máximo exponente del baile en las pistas. La muerte lo sorprendió poco después de finalizar una presentación en un restaurante de Mar del Plata, y con el paso de los años esa fecha quedó instituida como el Día Nacional del Bailarín de Tango.

Detrás del apodo se encontraba Ovidio José Bianquet, un personaje que revolucionó los salones porteños y del mundo con un estilo inconfundible. Había nacido en el barrio de Boedo el 14 de febrero de 1885, y desde joven se ganó fama de guapo y arrabalero, tanto por su manera de bailar como por su carácter.

Su talento lo llevó mucho más allá del Río de la Plata: el Cachafaz se presentó en París y Nueva York, y forjó una entrañable amistad con figuras centrales del tango como Carlos Gardel y Francisco Canaro.

La vida del bailarín estuvo atravesada por episodios violentos propios de una época en la que los bailes podían terminar a los tiros y cuchillazos. Su última compañera artística, Carmencita Calderón, lo recordó con una frase reveladora: “Él nunca llevaba armas, pero era muy guapo y se trenzaba a puño limpio”. No fueron pocos los que pensaron que Bianquet podía haber muerto mucho antes, en alguna de esas peleas sangrientas.

El propio Francisco Canaro evocó una noche agitada de 1915 en un reducto de Balvanera, cuando una competencia de baile terminó en caos. “Hubo una competencia de baile en la que ganó el Cachafaz, como siempre, y uno de sus rivales, el Rengo Cotongo, quedó con la sangre en el ojo. Las barras de uno y otro se agarraron a trompadas y ellos también se metieron. De pronto empezaron los tiros y nos tiramos cuerpo a tierra hasta que vino la policía y arreó con todos a la comisaría”, relató el violinista y director de orquesta.

El final llegó en el verano de 1942. Con 56 años, Bianquet fue contratado para presentarse en el restaurante de un hotel del balneario La Perla, conocido como El Rancho Grande. Aquella noche bailó al ritmo de “Don Juan”, se retiró del escenario ovacionado y luego se dirigió a su habitación, donde sufrió el colapso que terminó con su vida.

El director de la orquesta marplatense, Armando Blumetti, recordó después un detalle íntimo de esa presentación: “Me había pedido que lo tocara picadito, para poder bailarlo bien canyengue”.

Así, el Cachafaz murió como había vivido: bailando hasta el final. Su figura quedó ligada para siempre a la historia grande del tango y a una fecha que hoy rinde homenaje a quienes, con el cuerpo y el compás, mantienen viva la esencia del 2×4.

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