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Asamblea del Año XIII, cuando el poder pasó al pueblo

31 enero 2026 - 07:44

Sin declarar la independencia ni sancionar una Constitución, la Asamblea del Año XIII dejó decisiones que quebraron el orden colonial y marcaron el rumbo republicano.

El 31 de enero de 1813, en Buenos Aires, comenzó a sesionar la Asamblea del Año XIII, convocada por el Segundo Triunvirato con la misión de organizar políticamente a las Provincias Unidas. Aunque el cuerpo no alcanzó sus dos metas centrales —declarar la independencia y dictar una Constitución—, sus resoluciones introdujeron cambios decisivos que consolidaron un quiebre con la monarquía española.

Desde el inicio, la Asamblea asumió un carácter soberano: proclamó que la soberanía residía en el pueblo y eliminó el juramento de fidelidad al rey Fernando VII, gesto político que marcó un giro más radical en el proceso revolucionario iniciado en 1810. Ese posicionamiento se tradujo en medidas concretas que redefinieron el orden social, jurídico y simbólico.

Entre los avances más relevantes, el congreso aprobó símbolos que todavía identifican a la Nación: el Escudo Nacional, el Himno Nacional y el uso de la escarapela. En el plano de las libertades, sancionó la “libertad de vientres”, estableciendo que los hijos de personas esclavizadas nacieran libres, y dispuso la eliminación de la servidumbre indígena mediante la supresión de prácticas como las mitas y las encomiendas.

La Asamblea también avanzó sobre la igualdad civil: abolió los títulos de nobleza y el mayorazgo, y prohibió la tortura como método judicial. En el terreno institucional, ordenó la acuñación de moneda propia, otro paso en la afirmación de una autoridad política autónoma.

Pese a este conjunto de decisiones, el cuerpo legislativo no logró cerrar el debate central sobre la organización del nuevo Estado. Las disputas internas —especialmente entre proyectos de centralismo y federalismo—, sumadas a la compleja situación internacional, impidieron consensuar una Constitución y declarar formalmente la independencia.

La Asamblea del Año XIII continuó sesionando hasta enero de 1815. Su legado, sin embargo, perduró más allá de sus límites: al afirmar la soberanía popular, suprimir privilegios coloniales y consagrar derechos básicos, sentó bases republicanas que serían retomadas en los años siguientes del proceso independentista argentino.

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