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Domingo 25 de Enero de 2026
25 enero 2026 - 09:39
El asesinato del fotógrafo en Pinamar marcó un quiebre histórico, El reclamo por verdad, memoria y justicia sigue vigente.
“No se olviden de Cabezas”. El lema impulsado por el colectivo de Reporteros Gráficos vuelve a cobrar fuerza este 25 de enero, al cumplirse el 29° aniversario del asesinato de José Luis Cabezas, ocurrido en la ciudad bonaerense de Pinamar, mientras realizaba su trabajo periodístico. El crimen se transformó en un símbolo central de la lucha por la libertad de expresión en la Argentina.
En memoria del fotógrafo y periodista, la Ley 24.876, sancionada el 10 de septiembre de 1997 y promulgada el 13 de octubre del mismo año, estableció el 25 de enero como el Día Nacional del Reportero Gráfico, una fecha atravesada por el recuerdo y la denuncia.
La mañana del 25 de enero de 1997, el cuerpo de un hombre fue hallado dentro de un Ford Fiesta incendiado en una cava de Pinamar. Tenía las manos esposadas a la espalda y dos disparos en la cabeza. Durante varias horas la identidad de la víctima fue un misterio, hasta que se confirmó que se trataba de José Luis Cabezas, fotógrafo de la Revista Noticias. A partir de ese momento, el hecho dejó de ser un caso policial para convertirse en un punto de quiebre en la historia del fotoperiodismo argentino.
El trasfondo del crimen remite al domingo 3 de marzo de 1996, cuando Revista Noticias publicó en tapa la primera imagen del empresario Alfredo Yabrán. En la foto se lo veía caminando junto a su esposa por las playas de Pinamar, con un traje de baño cuadriculado blanco y bordó. Detrás del lente estaba Cabezas, que por entonces tenía 34 años y cubría la temporada de verano para Editorial Perfil.

Un año más tarde, en la madrugada del 25 de enero de 1997, luego de retirarse de una fiesta organizada por el empresario Oscar Andreani, Cabezas fue interceptado, secuestrado y asesinado en General Madariaga. Su cuerpo fue luego trasladado y el vehículo incendiado con la intención de borrar pruebas. La escena fue interpretada desde el inicio como un mensaje: no se trató de un robo ni de un homicidio al azar, sino de un crimen planificado para infundir miedo.
Lejos de ser un desconocido, Cabezas tenía 35 años, una extensa trayectoria profesional y una obsesión clara: retratar el poder. Su asesinato expuso las tensiones entre el periodismo y los sectores más influyentes del país, y dejó una herida abierta en la relación entre la prensa y la Justicia.
La investigación estuvo marcada por irregularidades, presiones y encubrimientos, pero el impacto social del caso forzó avances. Las primeras detenciones alcanzaron a un grupo de policías bonaerenses conocidos como “Los Horneros”, liderados por Gregorio Ríos, jefe de seguridad de Yabrán. La Justicia determinó que ese grupo fue el responsable del secuestro, el asesinato y la posterior quema del vehículo.
En ese marco, fueron identificados como autores materiales Gustavo Prellezo, Aníbal Luna, Sergio Gómez, Horacio Braga y José Luis Auge, mientras que Ríos fue señalado como el nexo entre los ejecutores y el entorno empresario.
Yabrán fue citado a declarar como principal sospechoso, pero nunca llegó a hacerlo. El 20 de mayo de 1998, cuando pesaba sobre él una orden de detención, se quitó la vida de un disparo en la cabeza en una estancia de Entre Ríos. Su muerte cerró una parte clave de la causa y dejó sin respuesta interrogantes fundamentales.
En 2002, la Justicia condenó a prisión perpetua a los policías responsables del asesinato y a Ríos como instigador. Sin embargo, con el paso de los años, la mayoría de los condenados accedió a beneficios, reducciones de pena y libertades condicionales, una situación que generó fuertes críticas por parte de la familia de Cabezas y de organizaciones periodísticas.

A 29 años del crimen, el caso José Luis Cabezas sigue siendo una referencia ineludible. Su historia se enseña en las aulas, se recuerda en actos y se reactualiza cada vez que un periodista es amenazado por su trabajo. “No se olviden de Cabezas” dejó de ser solo una consigna: es una exigencia permanente frente al poder.
