Porque nada queda oculto
Viernes 23 de Enero de 2026
23 enero 2026 - 09:45
Si la llegada de los autos chinos a Zárate es una victoria para el consumidor que busca precios bajos, para el cordón industrial de Córdoba (Santa Isabel y Ferreyra) y de Buenos Aires (Pacheco y Zárate), es una señal de alarma roja.
La industria automotriz argentina representa cerca del 10% del PBI industrial y genera miles de empleos directos e indirectos. El cambio de reglas de Milei —abrir el juego a China mientras el costo de producir en Argentina sigue siendo alto— genera un escenario de “desigualdad de condiciones”.
El costo de producir vs. el costo de importar
Argentina es un país caro para fabricar. Un auto producido en Córdoba o Pacheco tiene una carga impositiva de casi el 50% de su valor final, mientras China produce a escalas globales masivas, con subsidios estatales y costos energéticos bajos. En cambio, Argentina enfrenta una logística ineficiente, sindicatos fuertes y una presión tributaria asfixiante. Por eso, si Milei abre la importación sin antes bajar drásticamente los impuestos a la producción local, las fábricas nacionales simplemente no pueden competir.
El fin del “Mercosur Automotriz”
Históricamente, Argentina y Brasil se protegían mutuamente con aranceles externos comunes. La llegada masiva de marcas como BYD o Chery rompe esa lógica. Las terminales locales (Ford, Toyota, Volkswagen, Stellantis) están diseñadas para fabricar pick-ups y utilitarios para exportar.
Los autos chicos y medianos, que antes se traían de Brasil o se hacían acá, hoy están siendo desplazados por los eléctricos e híbridos chinos que llegan a precios de “dumping” o con tecnología que la región aún no produce masivamente.
El riesgo del empleo en Córdoba y Buenos Aires
Cuando los 5.000 autos bajan en Zárate, no son solo vehículos, son horas de trabajo que no se realizaron en las plantas de Santa Isabel (Córdoba) o de General Pacheco.
Si la demanda interna se vuelca al auto chino importado, las terminales locales empezarán a recortar turnos de producción y la suspensión de turnos no tardará en hacerse notar.
El mayor peligro está en las pymes que fabrican asientos, cables y plásticos. El auto chino llega “armado”, lo que anula la cadena de valor local y muchas autopartistas irán camino a la crisis.

La paradoja libertaria
Aquí es donde el análisis se pone ácido: Milei sostiene que si una industria no es competitiva, no debe existir. Para el Gobierno, si el trabajador argentino tiene que dejar de fabricar autos para dedicarse a otra cosa porque el auto chino es más barato, es un “proceso de mercado sano”. El problema es que el paso de operario industrial a repartidor de plataforma no es una transición económica; es un trauma social.
El puerto de Zárate hoy funciona como un espejo de la nueva Argentina. Por un lado, la modernidad de los autos eléctricos y la libertad de elegir. Por el otro, el fantasma de los años 90,es decir, una apertura comercial acelerada que, si no es acompañada por una reforma que alivie a la industria nacional, podría convertir a nuestras fábricas en meros depósitos de logística.
Milei apuesta a que la “mano invisible” acomode las piezas. El riesgo es que, en el proceso, la industria automotriz argentina pierda los dedos.
