Porque nada queda oculto
Jueves 22 de Enero de 2026
22 enero 2026 - 10:28
Esta semana, el puerto de Zárate se convirtió en el escenario de una imagen que, hace apenas un año, hubiera parecido una alucinación política: un buque gigante, el BYD Changzhou, descargando más de 5.000 autos chinos eléctricos e híbridos en suelo argentino.
Como periodistas, nuestro deber es confrontar el archivo con la realidad. Y el archivo de Javier Milei es, cuanto menos, implacable.
El Candidato: “No hago pactos con comunistas”
Durante la campaña de 2023, la narrativa de Milei era de una pureza ideológica casi bíblica. «Yo no solo no voy a hacer negocios con China, no voy a hacer negocios con ningún comunista», disparaba en entrevistas internacionales. Para el entonces candidato, China era un «asesino» y la libertad comercial estaba supeditada a un alineamiento moral inquebrantable con «el lado del bien» (EE.UU. e Israel).
En aquel entonces, la promesa era clara: el Estado no promovería vínculos con Beijing. Los chinos, según él, no respetaban la libertad, y Argentina no debía «arrodillarse» ante ellos.
El Presidente: “China es un socio muy interesante”
La metamorfosis comenzó a cristalizarse a fines de 2024 y se consolidó en este inicio de 2026. La frase que marcó el quiebre la pronunció frente a Susana Giménez: «China es un socio comercial muy interesante. No exigen nada, lo único que piden es que no los molesten».
De «asesinos comunistas» a «socios que no molestan». El giro de 180 grados no fue sutil; fue un volantazo a toda velocidad.
¿Por qué el cambio? Los factores de la “realidad”
¿Por qué Milei dijo una cosa y hace otra? No es solo una «mentira» de campaña, es la colisión frontal entre la teoría libertaria de pizarrón y la crudeza de la caja del Banco Central.
La «trampa» del Swap: Argentina depende del swap de monedas con China para sostener sus reservas. Beijing tiene la llave del oxígeno financiero y, ante la demora de fondos frescos del FMI, Milei entendió que romper con Xi Jinping era el suicidio económico.
La necesidad de inversión: Con la obra pública frenada, proyectos clave como las represas en el sur dependen del financiamiento chino.
Apertura importadora: El arribo masivo de BYD a Zárate es el resultado de la baja de aranceles y la apertura de importaciones. Para el Gobierno, la prioridad es que los precios bajen mediante la competencia, incluso si esa competencia viene de la mano de los «comunistas» que antes despreciaba.
El Teorema de Baglini: A medida que un político se acerca al poder, sus ideas más extremas tienden a moderarse. Milei descubrió que el «comercio entre privados» que él pregonaba necesita, en el caso de China, un visto bueno estatal que no se consigue a los gritos.
El pragmatismo mata al relato
Hoy, los autos chinos que inundan Zárate son el símbolo de un nuevo «pragmatismo libertario». El Gobierno defiende la llegada de estos vehículos como una modernización del parque automotor (comparando el estado anterior con el de Cuba para justificar la apertura).
Sin embargo, queda una pregunta en el aire para el votante que lo eligió por su intransigencia ideológica: ¿Es este un triunfo del libre mercado o la rendición de una promesa ante la necesidad de dólares?
Al final del día, parece que para la gestión de Milei, el color del dinero chino es más fuerte que el rojo de su bandera.
