Porque nada queda oculto
Viernes 23 de Enero de 2026
22 enero 2026 - 10:00
Porqué Fidel Castro se alineó abiertamente con la Unión Soviética, y expresó públicamente: “Soy un marxista leninista”.
En el clima tenso de la Guerra Fría en América, la Conferencia de Punta del Este, inaugurada el 22 de enero de 1962 en Punta del Este, se perfilaba como el escenario decisivo para aislar diplomáticamente a Cuba tras el fracaso del desembarco de abril de 1961 en Playa Girón, una operación organizada por la CIA con la participación de 1.400 exiliados cubanos, sofocada en pocos días. A partir de ese episodio, Fidel Castro se alineó abiertamente con la Unión Soviética, y terminó de despejar dudas cuando admitió públicamente: “Soy un marxista leninista”.
Según un artículo publicado entonces en un diario de la España franquista y reproducido por El Historiador, la conferencia reuniría a diplomáticos de 21 repúblicas del hemisferio occidental con un objetivo central: discutir la ruptura total con el gobierno cubano y la eventual imposición de sanciones colectivas. El texto advertía que, apenas dos años antes, el continente se percibía “inmune al comunismo”, percepción que se desmoronó con la llegada de Castro al poder.
El escenario regional mostraba movimientos acelerados. Desde agosto, cuando el ministro cubano de Hacienda Ernesto Che Guevara hizo pública la posición de La Habana, se sucedieron hechos que inquietaron a Washington: en Ecuador fue derrocado un gobierno “firmemente anticomunista”; en la Guayana británica una nueva administración expresó su respaldo a Castro; y en Argentina, el ex vicepresidente Alejandro Gómez, elegido en 1958 y luego forzado a dimitir, adoptó como consigna de campaña electoral “apoyo a Castro”.
Dentro de la Organización de los Estados Americanos (OEA), la cuestión cubana quebró la tradición de unanimidad. Cuando los 21 delegados se reunieron en Washington el 4 de diciembre para definir la convocatoria a Punta del Este, Cuba y México votaron en contra, mientras Argentina, Brasil, Chile, Bolivia, Uruguay y Ecuador se abstuvieron. Solo Venezuela y Colombia, junto con las repúblicas de América Central, acompañaron a Estados Unidos.
El artículo describía la conformación de cuatro bloques: Cuba, ya apartada del sistema panamericano y orientada hacia la “comunidad comunista chino-soviética”; Brasil, partidario de una coexistencia similar a la de Finlandia con Rusia, siempre que La Habana se comprometiera a “no exportar su revolución”; un grupo integrado por Argentina, Uruguay, Chile, Bolivia, Ecuador y México, defensor de la no intervención y la autodeterminación, aunque dispuesto a condenar el comunismo; y las otras trece repúblicas, encabezadas por Estados Unidos, favorables a sanciones severas y a un ultimátum para evitar la expulsión de Cuba de la OEA.
Entre las medidas previstas figuraban la ruptura de relaciones diplomáticas y un bloqueo económico. El texto señalaba que 14 países ya habían cortado vínculos con La Habana y que se buscaba extender esa decisión a las 21 repúblicas. En materia comercial, se advertía que Cuba ya comerciaba principalmente con países comunistas, con Canadá y con naciones ajenas al sistema panamericano, mientras que su relación más intensa había sido históricamente con Estados Unidos.
De cara a la conferencia, el clima era de juicio político. Según la crónica, Cuba acudiría a Punta del Este “no para defender su revolución, sino para atacar”, y aun si no prosperaban las sanciones colectivas, se daba por descontada una condena formal a Fidel Castro y a su régimen, acusado de haber convertido a la isla en “cabeza de puente del comunismo en el continente americano”.
