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Lunes 05 de Enero de 2026
3 enero 2026 - 12:51
La diferencia de criterios presidenciales en América Latina podría acarrear consecuencias migratorias y económicas notables, advierten especialistas.
Imagen de izquierda a derecha: Lula Da Silva y Javier Milei
Esta madrugada, la situación geopolítica en América Latina ingresó en una fase de máxima tensión tras anuncios y declaraciones dela Casa Blanca sobre una intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, un escenario que provocó reacciones encontradas en la región y encendió alertas a nivel global.
De acuerdo con lo afirmado públicamente por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fuerzas estadounidenses ejecutaron una operación militar en Caracas que incluyó bombardeos estratégicos y vuelos rasantes, y que culminó —según esa versión— con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores. Siempre según Trump, Maduro sería trasladado a Nueva York a bordo de un buque militar para enfrentar cargos de narcoterrorismo. El mandatario estadounidense calificó la operación como “brillante” y la encuadró en lo que analistas denominan el “Corolario Trump” de la Doctrina Monroe para América Latina.
En el plano regional, el presidente argentino Javier Milei se posicionó como uno de los principales respaldos políticos de la postura estadounidense. Milei celebró la caída de Maduro, a la que describió como un avance contra una “dictadura atroz”. Vale recordar que durante la reciente Cumbre del Mercosur, el argentino instó a otros gobiernos a secundar las acciones de Trump, al tiempo que defendió la presión militar como vía para la “liberación” de Venezuela.
En sentido opuesto, el gobierno de Vladímir Putin (Rusia) repudió enérgicamente la intervención. Moscú exigió explicaciones inmediatas a Washington, calificó la operación como una violación de la soberanía venezolana y advirtió que se trata de un acto de agresión, mientras en Estados Unidos se analiza si el episodio podría afectar eventuales acuerdos previos que Trump buscaba con Rusia.
El impacto diplomático se extendió por bloques. Entre quienes condenaron la acción militar está el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quien sostuvo que Estados Unidos cruzó una “línea inaceptable” y reclamó respeto al derecho internacional; la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, rechazó la intervención unilateral y reiteró el principio histórico de no intervención; mientras que Gustavo Petro, primer mandatario colombiano, calificó el operativo como un “ataque criminal” y aseguró que su país no permitirá acciones desde su territorio contra la soberanía vecina. Cuba y Nicaragua expresaron su solidaridad con el chavismo, al denunciar un “golpe imperialista”.
Del otro lado, gobiernos alineados con Washington manifestaron respaldo y celebración. Además de Argentina, Ecuador, bajo la administración de Daniel Noboa, evaluó la situación como una oportunidad de cambio, y expresidentes de Colombia y de otros países difundieron mensajes celebratorios, incluso con consignas como “Gloria al Bravo Pueblo”, al considerar que el episodio podría incidir en la crisis migratoria y política venezolana.
En este contexto, analistas advierten consecuencias inmediatas: una crisis de integración dentro de bloques como el Mercosur, por las posturas opuestas de Argentina y Brasil; riesgos de inestabilidad fronteriza y de una nueva ola migratoria; un precedente inédito por la presencia militar directa de Estados Unidos en Sudamérica; y una escalada de tensiones con potencias extrahemisféricas como Rusia, China e Irán, cuya reacción podría militarizar aún más el Caribe.
