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Carta a mi niña.

18 octubre 2020 - 10:45

Virginia Bertetti describe, según su experiencia, el oficio de ser mamá.

Por Virginia Bertetti

De todos los oficios terrestres, el que menos esperé fue el de ser mamá. Quise ser astronauta y periodista, y me quedé con el que más te complica la vida. Quise ser guardaparques y filósofa, socióloga o politóloga. Viajera y cronista de guerra. Artesana y escritora. Pero nunca, nunca, me imaginé con un bebé en brazos.

Y un día caíste vos, así de golpe y sin pedir permiso, en medio de esos viajes bien de crota. Nos miramos y decidimos embarcarnos. Sin tener idea de casi nada.

Con mi afán literario, me embarqué en lecturas de todo tipo y tenor, investigando sobre los procesos que se daban dentro de la panza hasta la legislación vigente sobre parto respetado y lactancia materna. Fui a cursos y encuentros. Leí manuales y descripciones. Seguí influencers y doulas con consejos de todo tipo. Y un día llegaste y me explicaste…



Que nada se puede planear, no hay manera de definir con antemano como funcionan estas cosas pequeñas de tres kilos, que grita, babean y dan vuelta todos tus preconceptos. Se convierten automáticamente en dueñas y señoras, en dueños y señores, de nuestras vidas y marcan los tiempos de los relojes a fuerza de ojitos redondos y lagañas.

No soy de esas madres de manual, ejemplares -según la revista “para ti”-, sino más bien todo lo contrario. Me embolan los cumpleaños infantiles y las horas de adaptación en la puerta del jardín, no me gustaba que me tocaran la panza cuando habitabas adentro y que la seño me diga “mami”. No juego a las escondidas, ni a la mancha, ni sé hacer demasiadas monerías.

Pero te leo cada noche un cuento distinto, me gusta abrazarte y agarrarte la panza, ir a ver cuanta función de títeres se cruce en el camino y cantar a los gritos “el mamboretá”. Me gusta ver como jugas sin parar con tus amigas y amigos, cuando hacés preguntas de tipo filosóficas y que te guste acampar, leer, explorar y descubrir el mundo con ojos nuevos. Me encanta que seas toda una antiprincesa.



No soy el tipo de madre que plantean las revistas, y vos me enseñaste que está bien así. Que te llevo a marchas, y te muestro libros, que te hago peinados complicados y te hago enojar porque te tiro del pelo, que no se cocinar cosas ricas, pero que te abro el helado de palito que te gusta.

No hay manuales para ser madre. No hay manuales para ser hija. Se aprende a los ponchazos y sobre la marcha. Se anda improvisando, como decía el viejo Quino. Es agotador muchas veces. Es como andar a tientas. Pero tus ojos no mienten, a pesar de todo eso, creo que lo estamos haciendo bien. O al menos, lo mejor posible. Y eso es lo que cuenta.


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